"Hacer un país es hacer hombres para que, a su vez, los hombres hagan el país" (Arturo Jauretche)

sábado, 18 de febrero de 2012

Scalabrini Ortíz - Política británica en el Río de la Plata/1940

“Aunque somos las víctimas, no podemos dejar de admirar la clarividencia con que los ingleses vieron la realidad, y el ingenio con que crearon un sistema de explotación que la humanidad tardaría más de un siglo en comprender y tratar de desarticular. Endeudar un país en favor de otro, hasta las cercanías de su capacidad productiva, es encadenarlo a la rueda sin fin del interés compuesto.”
 
“La servidumbre indirecta que el acreedor impone al deudor, es una forma de compulsión para dirigir la corriente de compras y ventas de los países deudores. Es también, un cimiento sólido para intervenir en el manejo de la política interior de cada país.”

“El reconocimiento de la independencia de estas insurrectas y revueltas repúblicas fue indudablemente una obra casi personal de Canning; y mucho agradecimiento deberíamos tributarle si su plan hubiera terminado allí. Pero ese no era más que el primer paso. Era nada más que su política visible. Mucho agradecimiento le deberíamos, si paralelamente no hubiera desenvuelto otra política invisible que se tejería en las antesalas y en los salones y que tendía a suplantar el agónico dominio español por el extenuador, aunque sutilísimo, dominio capitalista inglés. Esta duplicidad de la gestión de Canning constituiría una incurable tara de nacimiento de la que, salvo años fugaces y voluntariosos, no se librarían las repúblicas sudamericanas.”

“Esta parte del plan de Canning presentaba dificultades no menos graves. Estos países estaban casi despoblados, y bajo formas de materia prima, sus medios de pago eran ilimitados. Las Provincias del Río de la Plata, por ejemplo, habían cumplido su propia liberación con donaciones amigas sin recurrir al préstamo exterior: con sus rentas de aduana y con las contribuciones y empréstitos forzosos interiores de todos los habitantes nacionales y extranjeros. Por otra parte, las poblaciones locales tenían escasas necesidades y eran capaces de abastecerse a sí mismas en lo más urgente. Endeudarlas al exterior no era empresa desdeñable. Pero tampoco Canning era hombre que se dejara intimidar por las circunstancias adversas. Los préstamos se iban a imponer con los fundamentos más extravagantes.”

“El reconocimiento de la independencia del Brasil y de las aspiraciones del emperador Pedro obtuvieron el asentimiento de Inglaterra sólo cuando el nuevo estado americano accedió a responsabilizarse de la deuda de 1.400.000 libras esterlinas contraída con anterioridad en Londres por el caduco gobierno portugués, y se comprometió a pagar como indemnización a Portugal 600.000 libras más que Inglaterra a su vez prometió proveer en un empréstito. El nuevo estado nacía así con una tara de 2 millones de libras cuyo servicio debería mantener en perpetuo déficit sus presupuestos.”

“En 1824 se libra la batalla de Ayacucho, que ultimó los restos del imperio colonial español en América. Ese mismo año los representantes de Buenos Aires contraen en Londres el empréstito Baring por un millón de libras esterlinas.”

“La denuncia de los compromisos contraídos es daño fundamental que amaga constantemente el acreedor. Pero una cesación de pagos, bajo cualquier máscara que se disfrace, expone a un cobro compulsivo y aún a una intervención armada y es, por lo tanto, responsabilidad que sólo puede ser asumida por una potencia equipada para resistir la agresión. Impedir la formación de naciones poderosas fue la primera línea de conducta inglesa. Los antiguos virreinatos, que debieron ser la base espontánea de los nuevos estados, fueron inteligentemente seccionados. Se conformaron naciones mineras y naciones agropecuarias, pero no unidades orgánicas que pudieran enfrentar a corto plazo al poseedor de la llave capitalista. En esta política disgregadora, Inglaterra aparecía fiel a sus principios de auto determinación de los pueblos. Simuladamente generosa, apoyó a los débiles contra los fuertes y fomentó así las escisiones y desmembramientos que dieron por resultado extraer del dominio de una sola potencia los puntos económicos y militarmente estratégicos del continente. Esa política inglesa costó a la República Argentina la separación de tres hermanos: Uruguay, Paraguay y Bolivia. En sus años iniciales, América del Sur corrió peligro de parcelarse hasta lo inacabable en pequeñas repúblicas rivales. En este punto, la tendencia fraccionadora de Inglaterra tuvo un adversario decidido en la unidad topográfica y en la magnitud de las cuencas.”

“La denuncia de los compromisos contraídos es actitud en que sólo podrían incurrir los dirigentes de una nación que adoptaran una ética distinta de la que requiere la hegemonía capitalista para subsistir. Mientras los gobernantes creen que los compromisos anteriores son sagrados; por onerosas que sean las condiciones establecidas; mientras los gobernantes crean que el cumplimiento de los pagos es de grado tan irrevocable que a ellos debe sacrificarse hasta la salud nacional; mientras apliquen a los altos intereses nacionales un criterio estricto de pequeño comerciante, no hay temor de que los compromisos sean denunciados. Para ello es indispensable que los gobernantes tengan su asiento permanente en el radio de influencia en que actúan los traficantes ingleses. Por eso dentro de cada nación, Inglaterra fue centralista. En la Argentina, Gran Bretaña apoyó enérgicamente al puerto de Buenos Aires. Le dio armas, le abrió créditos. A pesar de ser tanto o más rica en conjunto que la provincia de Buenos Aires, la Confederación cayó ahogada por la sofocación comercial y financiera con que Inglaterra la estrechó. Cuanto esfuerzo se irguió a favor del interior fue ahogado sin misericordia y estigmatizado con el sello de barbarie. Buenos Aires asumió la representación excluyente de la cultura, no porque fuera más culta en realidad, sino porque la cultura significó, ante todo, comulgar enteramente con la moral y las miras de los comerciantes ingleses portuarios. El brindis que en celebración del natalicio de Jorge IV pronunció Rivadavia en 1823 es la fórmula juramental que, callada o francamente, adoptaron todos los aspirantes al poder legítimamente constituido. Rivadavia brindó por el gobierno más hábil, el inglés: por la nación más moral e ilustrada, Inglaterra: y porque el interés comercial y agrícola de la Gran Bretaña se extienda y consolide en América del Sur.”

“La centralización de la cultura, consecuencia directa de la centralización del mando, le costó a la Argentina la extinción de antiguos y genuinos centros de ilustración, el apagamiento de una verdadera inquietud intelectual; la adopción ingenua o torpe de todas las doctrinas convenientes a los explotadores extranjeros; la extenuación mental y política del cuerpo nacional, el alejamiento de la inteligencia local del examen sin prejuicios de los problemas locales, y la fundación de una oligarquía político financiera al servicio directo o indirecto de las conveniencias inglesas. Con la protección inglesa se constituyó en el puerto de Buenos Aires una aristocracia de administradores, que manejó al país sin contralor y sin más norma que la decisión de los embajadores y de los comerciantes ingleses. El pequeño comerciante portuario se hizo agiotista y especulador. La plutocracia se hizo oligarquía”

“La disgregación internacional del continente y la centralización unificada del poder nacional, son las conductas políticas inmediatas que exigía la política del préstamo para asegurar su existencia. Pero para ser instrumento de dominación, para ser la piedra fundamental de la construcción capitalista, el préstamo requería el desarrollo de una política económica que convergiera a su finalidad. Un simple préstamo, por cuantioso que sea, no basta para encadenar eternamente, si el préstamo es un hecho aislado e invariable. La capacidad económica de una nación cambia y sus medios de pago se multiplican con el trabajo de sus habitantes. El servicio anual del primer empréstito argentino era de $ f 350.000, suma agobiadora y suficiente para desequilibrar el enjuto presupuesto local de esos años, cuyas rentas netas superaba penosamente el millón de pesos fuertes; pero era presumible que podría ser cubierta con holgura, cuando el libre cambio surtiera los efectos benéficos que todos vaticinaban y al que esta república se había adherido tan decididamente que le sacrificó sin remordimientos todas sus industrias manufactureras del interior.”

“Para que el préstamo rinda al acreedor no solo el interés, sino una influencia práctica como arma o como instrumento, es indispensable que la cuantía del préstamo corra paralelamente a las rentas fiscales. Con pretextos no menos curiosos que los de los primeros empréstitos exteriores, la diplomacia invisible de Inglaterra mantuvo siempre una correlación constante entre la capacidad fiscal y las obligaciones anuales. Cuando las rentas del gobierno central suben a 18 millones en 1872, el servicio de la deuda es de 6 millones. Cuando las rentas alcanzan los 38 millones en 1889, el servicio de la deuda es de 12 millones. Cuando remontan hasta los setecientos millones de pesos papel, los giros al exterior por servicios de empréstitos suman casi 200 millones.

"Hay adelantos de dinero que son indispensables y que ahorran tiempo y trabajo en proporción mayor que la obligación que se contrae. Un agricultor, por ejemplo, saca ventajas de un crédito para adquirir semilla. ¿Los empréstitos sucesivos fueron en realidad la indispensable semilla de la riqueza argentina? No. Los empréstitos argentinos contraídos en el extranjero tuvieron directa o indirectamente un fin orgiástico y fueron en su mayoría ficciones."

"Desde 1824 a 1856 no se contraen empréstitos externos. Rosas financió sus presupuestos con emisiones sin garantía aurífera. La emisión de billetes inconvertibles en oro es un arma de doble filo que puede perjudicar seriamente a un país, en cuanto incita a los gobiernos a malgastar fondos que se adquieren sin más trabajo que hacer funcionar las prensas para imprimir billetes. Pero manejada con seriedad puede ser un instrumento que movilice el trabajo nacional sin hipotecarlo hacia los poseedores del oro. Emilio Hansen asegura que la preponderancia de Buenos Aires sobre las provincias es una consecuencia de la agilidad que en la explotación de sus riquezas obtuvo Buenos Aires mediante el emisionismo, y de la testarudez con que las provincias se sometieron al oro como medio exclusivo de realizar intercambios. Lo cierto es que Rosas impidió el estancamiento de las actividades del país durante los largos bloqueos y que el país vivió, progresó y hasta peleó, que es la actividad más cara de los pueblos, sin necesidad de recurrir al préstamo exterior."

"En 1857 la política del endeudamiento se reinicia briosamente con los más variados motivos. A veces el pretexto es pagar intereses atrasados, a veces exteriorizar una indemnización que se regaló a los residentes extranjeros perjudicados por las guerras y revoluciones, otras construir un ferrocarril que se cederá, luego a los ingleses sin amortizar el empréstito que le dio origen. A veces el pretexto es construir obras de salubridad que no se construyen con esos fondos sino con otros, o garantizar emisiones de los bancos nacionales, o convertir empréstitos internos en externos de título menor; o pagar intereses de los empréstitos anteriores o rescindir las garantías estaduales dadas a los ferrocarriles particulares ingleses o cancelar deudas bancarias, o liquidar fondos particulares bloqueados. Hubo años en que los empréstitos se contrajeron antes de saber con exactitud en qué gastarlos, porque ni la administración pública, entonces menos dispendiosa, podía insumirlos."
"Directa o indirectamente los empréstitos exteriores sucesivos se utilizaron en realidad en saldar los déficits fiscales, porque directa o indirectamente el hedonismo y el ocio de la oligarquía corrieron por cuenta del Estado."
"Con excepción de algunos años, todos los gobiernos gastaron más de lo que percibían. Esos déficits acumulados se pagan con empréstitos o con los recursos logrados en la venta a los ingleses de las pocas obras útiles hechas con parte de los empréstitos anteriores. Este disparatado ritmo fiscal es explicable únicamente como sugestión de los que hicieron del préstamo un instrumento primordial de dominación, porque ninguno de estos gastos fiscales fue imprescindible y porque la simple imitación de las naciones europeas organizadas hubiera procurado una disciplina fiscal distinta. La misma administración inglesa era un modelo notable y asequible para aquellos gobernantes. Pero la política de penetración capitalista inglesa obligaba a que estos países hicieran justamente lo contrario.”

“El camino ha sido y es la obra pública de mayor urgencia, aquella cuya realización hubiera podido justificar un endeudamiento. En la Memoria del Ministerio del Interior del año 1853, el ministro Rawson expresaba estos conceptos básicos: “Puede decirse sin exageración que en la Argentina no hay caminos, si no se da ese nombre a las huellas profundas y sinuosas formadas, no por el arte, sino por el ir y venir de las gentes a través de la llanura, por en medio de los bosques o por las cumbres de las colinas y montañas. En esa inmensa extensión de territorio se encuentran catorce o dieciséis ciudades separadas unas de otras por centenares de leguas, sin que jamás la mano del hombre se haya empleado en preparar las vías que deben servir a la comunicación entre esas poblaciones. Y si la civilización, la riqueza y la fraternidad de los pueblos está en razón directa de la facilidad y rapidez con que se comunican, mucho debe ser el atraso, la pobreza y la mutua indiferencia de las provincias argentinas separadas entre sí por largas distancias y por obstáculos materiales que apenas se han logrado superar”

"El promedio de lo invertido en la construcción de caminos en los sesenta años que median entre 1858 y 1823, es apenas de cuatro décimos del uno por ciento de los gastos totales. Es decir que por cada cien pesos, se dedicaron a caminos sólo cuarenta centavos. En 1923, como en 1858, los caminos argentinos eran huellas profundas y sinuosas, no trazadas por el arte, salvo cuando convergen a la estación de un ferrocarril inglés.”

Párrafos extraídos del capítulo “Líneas generales de la conducta diplomática británica”
La política visible y la política invisible

UNA DE PIRATAS

Malvinas es un tema con reflujo en el acontecer político y social argentino. Los sucesos de 1982 distorsionan esa dialéctica por su contexto histórico y por las secuelas emotivas que aún perduran en nuestra sociedad. A 30 años del conflicto, es tiempo de contextualizarlo en el marco de una injerencia británica rastreable ya en 1778, con la creación del Virreinato del Río de la Plata (la necesidad española de un mayor control sobre el contrabando británico en las costas atlánticas actuó como uno de los motivos de la separación de éste del Virreinato del Perú); continúa con las invasiones inglesas (1806-1807) y se transforma luego, desde el momento mismo de la independencia de estos territorios y la consiguiente formación de las Provincias Unidas, en una política dirigida a la sujeción económica que, exitosa y distorsiva, condicionaría el devenir de la Nación hasta mediados del siglo 20. La 2º guerra mundial (1939/1945) pone fin a la hegemonía colonial británica, aunque sus alianzas estratégicas le permitirán mantener su status imperial. Ciento cincuenta años de injerencia –solamente en breves períodos pudimos relajar esta sujeción-, nos exigen un análisis profundo para evitar reivindicaciones acotadas y sin proyección histórica.
Lo que en nuestros territorios los británicos no consiguieron con las armas bien lo hicieron con la diplomacia; y fueron los empréstitos (deuda externa) contraídos por los gobiernos locales los que terminaron de organizar al país en función de las necesidades comerciales inglesas. Bien sabido es el poco margen de negociación que tienen los deudores para con sus acreedores, y esa fue, desde que contrajimos nuestra primera deuda (empréstito Baring/1824), la relación con la metrópoli imperial. Deudores nosotros, acreedores aquellos.

Fue el siglo 19 el del apogeo del Imperio Británico. Dominó desde lo militar y lo económico el total de las rutas marítimas comerciales y abrió –con diplomacia o a sangre y fuego- los puertos que se resistieron a la imposición del libre mercado que era el núcleo de esta supremacía mundial. Manufacturas inglesas inundaban los mercados globales, y eran las materias primas de países como el nuestro las que sostenían el industrialismo anglosajón. Convengamos que el costo de la manufactura es –por su valor agregado- muy superior al de los productos básicos (cereales, cueros, carnes), y el conseguir a bajos precios estas materias primas fue política principal del imperio, a costa del empobrecimiento de los países que además vieron abortado su desarrollo industrial por una política que se articuló en una alianza estratégica entre las oligarquías agroexportadoras e Inglaterra. Esto fundamentó la pauperización del interior del país y su imposibilidad histórica de superar una estructura económica de base artesanal.

Vuelvo sobre el empréstito que la Baring Brothers nos concedió en 1824 porque aquel puede considerarse el hecho puntal que condicionó muchas de nuestras posteriores decisiones como país. La segregación de la Banda Oriental y del Alto Perú, la Batalla de Obligado, la derrota de Rosas en Caseros, la Guerra del Paraguay y la “Conquista del Desierto” trazan una línea de continuidad que se inicia en el condicionamiento original de aquel empréstito. El análisis de Raúl Scalabrini Ortíz  (1898-1959) en el libro “Política Británica en el Río de la Plata/1940” explicita aquello:

“Condensemos las operaciones y las líneas primordiales que caracterizan a esta primera operación financiera internacional argentina. Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia luchan por afirmar su influencia en el Río de la Plata, por lo cual, ante todo, pretenden endeudarnos con el acuerdo de empréstitos. Gran Bretaña, más hábil y decidida, consigue desplazar a sus rivales y concierta la cesión de un empréstito por un millón de libras. El metálico (oro) que por esa obligación debió llegar a Buenos Aires, fue sustituido por las ganancias y el crédito local de los comerciantes ingleses aquí establecidos. En el mejor de los casos, pues, el gobierno de Buenos Aires recibió papel moneda emitido por el Banco de Descuentos y comprometió sus finanzas, presentes y futuras, en una deuda a oro al extranjero. El gobierno recibió papel de circulación interna y lo transformó en una deuda exterior en oro.

Pero según todos los indicios, las letras o valores dados al gobierno de Buenos Aires a cambio del oro metálico que debió entregársele como producto del empréstito, no fueron ni siquiera efectivamente abonadas por los comerciantes ingleses locales, es decir que el gobierno de Buenos Aires enriqueció la economía inglesa con un millón de libras gratuitamente cedidas, pagaderas a 40 años de plazo, con un interés del 6% anual. El Estado argentino iniciaba así su marcha, hipotecado con Gran Bretaña.
Es interesante informar cómo este empréstito fue empleado de inmediato como un instrumento psicológico favorable a todas las pretensiones inglesas.”

Una anécdota que condensa esto último: “En sus Memorias, el gobernador de Corrientes, general Pedro Ferré, nos relata una entrevista que él sostuvo por esos años con el ministro de Hacienda, doctor Manuel J. García. Dice Ferré: Trataba yo en visita particular con el ministro García, en Buenos Aires, sobre el tema de la importación de frutos extranjeros, que produce nuestro país en abundancia, y sobre el fomento de la industria en todo aquello que el mismo país nos brinda, que ha sido siempre mi inquietud. García procuraba eludir mis razones con otras puramente especiosas, pero que les daba alguna importancia la natural persuasiva del que las vertía. Entonces le dije que prometía callarme y no hablar jamás de la materia se me presentaba, por ejemplo, alguna nación del mundo que en infancia o mediocridad, hubiese conseguido su engrandecimiento sin adoptar los medios que yo pretendía que se adoptase en la nuestra. García confesó que no tenía noticia alguna, pero que nosotros no estábamos en circunstancias de tomar medidas contra el comercio extranjero, particularmente inglés, porque hallándonos empeñados en grandes deudas con aquella nación, nos exponíamos a un rompimiento que causaría grandes males…” De tal manera usado, el empréstito de 1824 era un arma eficaz para ahogar las industrias del interior.

“Una de las características más temibles de la diplomacia inglesa es la de operar a largo plazo. Asombra conocer los planes ingleses trazados a principios del siglo 19 y comprobar la meticulosidad con la que se han llevado a cabo. Crear bases marítimas, instigar a unos estados contra otros, mantenerlos en mutuos recelos, tal es justamente la obra perniciosa desarrollada en silencio por Inglaterra. Su resultado más visible es el collar de bases marítimas que rodea a América. Malvinas es actualmente una estación naval de primer orden, constituida especialmente para la defensa de los intereses británicos en Suramérica. Con cuanta razón escribía el embajador británico Canning a Granville, poco después del reconocimiento de los nuevos estados americanos en 1825: “Los hechos están ejecutados, la cuña está impelida. Hispano América es libre y si nosotros sentamos rectamente nuestros negocios ellas será inglesa.”

El cúmulo de información histórica posibilita en la actualidad dotar a la educación con herramienta de análisis que garanticen, desde la enseñanza, una visión abarcadora desprovista de chovinismo, prejuicios y condicionamientos propios de naciones acomplejadas.

Quiero decir…no por ello vamos a dejar de escuchar a Los Beatles.

Julio Capanna - Armstrong y región

sábado, 28 de enero de 2012

JOSÉ MERCADO

“José Mercado compra todo importado TV a colores, síndrome de Miami
Alfombras persas, muñequitas de goma,
Olor a Francia y los digitales”
(Charly García/1980)

No sabemos si Charly habrá leído a Jauretche, pero no cabe duda de dos cosas: a) del talento de un tipo que escribe esta canción en plena dictadura y el apogeo del “deme dos” y de la “plata dulce” y b) que José Mercado representa el paradigma del Mediopelo en la sociedad argentina, retratado magistralmente por Jauretche. Y como el río suena cada vez que a “alguien” por estas latitudes se le ocurre meterse con las importaciones –“proteccionismo” que le dicen- vale recorrer la historia universal y local para encontrar voces varias que validan esta política.

“En 1897, después de haber ejercido la presidencia de los Estados Unidos, el General Ulises J. Grant fue invitado a una reunión librecambista celebrada en Manchester. Luego que los oradores ingleses se hubiesen deshecho en elogios a favor del librecambio y denunciado las barreras del proteccionismo como nefastas para la libertad de comercio, el huésped americano, invitado a hablar, contestó de esta manera: “Durante dos siglos Inglaterra ha usado el proteccionismo, lo ha llevado hasta sus extremos, y le ha dado resultados satisfactorios. Después de esos dos siglos, Inglaterra ha considerado conveniente adoptar el librecambio, por asumir que el proteccionismo ya no le puede dar nada. Pues bien, señores, mi conocimiento de mi patria me hace creer que, dentro de doscientos años, cuando Norteamérica haya obtenido del régimen protector todo lo que este puede darle, adoptará firmemente el librecambio.”(Arturo Frondizi/”Carlos Pellegrini, industrialista y proteccionista”/1984)

Considerando al referente citado –yanqui ex presidente de su país- y a quienes va dirigida su oratoria –los más acérrimos defensores del librecambio, fundadores de las primeras colonias establecidas en el país del norte abastecedoras de materias primas para el imperio- el ejemplo es ilustrativo de lo que se teje cuando de proteccionismo y librecambio se habla. Al respecto, Carlos Pellegrini aporta lo suyo:

“No hay en el mundo un solo estadista serio que sea librecambista, en el sentido que aquí entienden esta teoría. Hoy todas las naciones son proteccionistas y diré algo más, siempre lo han sido y tienen fatalmente que serlo para mantener su importancia económica y política.”

Tres presidentes (Grant, Pellegrini y Frondizi), de países con una problemática similar en su originaria dependencia de la producción primaria, exponen las dificultades del desarrollo interno de un Estado sujeto a las reglas del librecambio. Agrega Jauretche al respecto:

“Los constructores de la grandeza norteamericana sabían diferenciar el distinto grado de evolución de las economías y comprender que los países más atrasados necesitan proteger el desarrollo paulatino de sus industrias ante la competencia demoledora de la importación a precios bajos, de los más adelantados. Resulta fatal el avance de los precios en las mercaderías en que interviene la técnica y la mano de obra abundante, sobre los precios de las materias primas. La riqueza de un país está en relación directa con la mano de obra ocupada y su retribución, o sea en la capacidad de su mercado interno de consumo, porque el país más rico no es el que más exporta o importa, sino el que más consume por habitante.” (Ejército y política/1958)

Cobra así sentido político la frase “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”. El progreso de una nación relativamente joven como EE.UU está ligado –entre otras variables- al histórico proteccionismo sobre su producción, algo que continúa en el presente. Ahora bien, cuando de política económico/imperial se trata, los amigos del norte no reparan en aprietes para condicionar la firma de tratados de libre comercio –el ALCA fue su última intentona por estas tierras- que les garantice colocar sus excedentes en países con menor desarrollo industrial y tecnológico como son los latinoamericanos. Un feroz proteccionismo de “puertas hacia adentro” en contrapunto con la propaganda neoliberal que, sustentada por organismos internacionales como el Banco Mundial y el FMI, se pregona como receta milagrosa para el progreso del resto del mundo.

Hasta aquí las coordenadas que nos traen al presente, donde resurge en nuestro país la disyuntiva histórica entre fuerzas que pujan por la supremacía del modelo agroexportador y de la dependencia económica, y las que se enmarcan en una línea de base nacional desarrollista e industrialista. Atravesados ambos modelos por intereses económicos comunes, en el trasfondo de la inclusión o exclusión que proyectan sobre la sociedad argentina es donde adquiere sentido general la acción de políticas estatales que equilibren las asimetrías que la acumulación de capitales genera.

-Un mal día China comienza a implementar una política agresiva en la fabricación de maquinarias agrícolas. Mil trescientos millones de chinos no son de despreciar a la hora de generar mano de obra barata, lo que otorga a lo producido un precio más que competitivo en el mercado mundial. En un posible mundo en crisis –similar al actual- el consumo se desacelera. El “gigante asiático” acumula excedentes de producción. Para ubicarlos elige mercados periféricos, aún al precio de que sus ganancias sean mucho menores o nulas. Regidos por reglas económicas de libremercado –como las implementadas en nuestra historia reciente por Martínez de Hoz o Cavallo-  los países latinoamericanos importan estos excedentes. El productor agropecuario argentino se beneficia por el acceso o recambio del parque agrícola a menor precio pero… para competir con un producto importado cuyo valor está por debajo del costo de producción local, la industria nacional, que en una economía de librecambio está sujeta a la libre competencia y a la ausencia de regulaciones e incentivos estatales, sufre un paulatino deterioro; las pérdidas se amortizan apelando a la baja en los sueldos de los trabajadores –la flexibilización laboral es constitutiva de la economía liberal- y luego –en una dialéctica que no reconoce excepciones- subsiste achicando su planta operativa. Si esta política de apertura continúa en el tiempo, la suerte está echada: quiebra de centenares de empresas ligadas al sector metalmecánico y desocupación subsiguiente. En ésta –una ciudad como tantas otras que articula su economía en relación a la inyección de divisas generada por este sector- se sufre el impacto directo de la pérdida del poder adquisitivo del trabajador. Cierran las fábricas, cierran los comercios. Una historia conocida.-

Esta fábula podrá inscribirse en el rubro “película de terror clase B”; pero quizás sirva para ejemplificar que sin las mentadas medidas proteccionistas –en una Argentina con una fuerte sujeción intelectual colonizada (a izquierda y derecha) donde la dependencia foránea es fogoneada históricamente desde la prensa cipaya-  puede ocurrir que, del otro lado del mundo, algún día un obrero chino suelde una plancha de hierro, y que por estos pagos nos resfriemos todos.

Arturo Jauretche: pensador, escritor y político argentino (1901-1974). Escritos: Manual de zonceras, Los profetas del odio, Filo, contrafilo y punta.
Arturo Frondizi: presidente argentino (1958-1962)
Carlos Pellegrini: presidente argentino (1890-1892)
José Martínez de Hoz: ministro de economía de la dictadura cívico/militar (1976-1983)
Domingo Cavallo: ministro de economía de los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa

Julio Capanna/Armstrongyregión

sábado, 14 de enero de 2012

ARMSTRONG en la GUERRA DEL PARAGUAY

Un dato histórico leído al pasar a veces ayuda a atar cabos que se intuye pueden tener un nudo en común. El siguiente artículo, basado en textos cotejables, alude a la figura del irlandés Thomas Armstrong, y su relación con el apoyo económico al Estado argentino para costear la Guerra de la Triple Alianza (1865/1870), más conocida como “Guerra del Paraguay”.

Curriculum vitae

Thomas Armstrong (1797-1875) fue socio de una compañía de seguros, propietario de un saladero, accionista del primer ferrocarril local (Ferrocarril del Oeste) y del Ferrocarril Buenos Aires-Ensenada, director residente del Ferrocarril Central Argentino, terrateniente en el sur de Santa Fe, principal accionista del Banco de Buenos Aires y uno de los fundadores de la Bolsa de Valores. Intervino para normalizar los pagos de la deuda Baring (1). Fue representante -ante el Gobierno de la Provincia y luego Gobierno de la Nación- de un grupo de prestamistas para el cobro de intereses y capital. Fundador también de la Sociedad de Residentes Extranjeros, predecesora del Club de Extranjeros, el más viejo club social en Sudamérica, conocido por tener entre sus miembros a los más influyentes comerciantes de Buenos Aires.

El siguiente párrafo contextualiza la situación sudamericana por aquellos años en relación a la ingerencia británica en la política y la economía de nuestros territorios:

“Entre 1876 y 1900 América fue el único lugar del planeta que muestra un retroceso en la sujeción colonial (África aumentó desde un 10,8% en 1876 a un 90,4% en 1900). No tuvimos gobernador inglés ni tropas de ocupación, pero ¿quién podría afirmar que nuestra voluntad fue libre y soberana? Gran Bretaña no siempre abrió los mercados a cañonazos; hábilmente combinó caricias y palos. Aquí los cómplices vernáculos le evitaron el gasto de la administración colonial y los soldados. La verdad fue que la succión de las riquezas del país se tradujo en un portentoso crecimiento de la renta británica.”

Sobran textos y ensayos que describen esta ingerencia en la Argentina del siglo 19. El monopolio financiero, crediticio y del comercio de las carnes y la casi exclusiva explotación de las concesiones de los ferrocarriles son parte de esta sujeción colonial que Inglaterra pudo desarrollar en connivencia con las oligarquías locales instaladas en el gobierno. Beneficiadas por el modelo agroexportador impuesto por la Organización Internacional del Trabajo, las clases dominantes organizaron al país en el papel único de suministrador de materias primas al mercado internacional, impidiéndole cualquier tipo de desarrollo industrial que pudiera competir con las manufacturas inglesas.

El origen y las consecuencias de la concesión del Ferrocarril Central Argentino -del que Thomas Armstrong fue director- nos remite a la poderosa influencia de los capitales extranjeros en la conformación de un sistema organizado casi exclusivamente para el traslado de materias primas desde los puntos de acopio hacia los puertos de ultramar:

“La construcción de ferrocarriles en las colonias y países poco desarrollados no persiguen el mismo fin que en Inglaterra; es decir, no son parte –y una parte esencial- del proceso de industrialización. Esos ferrocarriles se emprenden simplemente para abrir esas regiones como fuentes de materias primas, no para apresurar el desarrollo social por el estímulo a las industrias locales. En realidad la construcción de ferrocarriles coloniales en países subordinados es una muestra del imperialismo en su función antiprogresista, que es su esencia.” (2)

En 1862 el Congreso Nacional vota una ley autorizando al Poder Ejecutivo a acelerar un contrato: se trata de construir la línea férrea que unirá Córdoba con Rosario. El Estado acepta como verosímil el costo de 6000 libras por milla, pero el ingeniero Alan Campbell, trabajando por encargo de Urquiza (3), había llegado a un costo mucho menor. Weelwright (norteamericano ligado a la construcción del ferrocarril) considerará esta cifra –la de Campbell- como valedera. Más tarde creerá conveniente inflar los costos falsificando cifras: era la manera de aparentar una inversión mayor a la real. ¿Por qué razón? Muy sencillo: el Estado argentino garantiza a los inversores un beneficio mínimo anual del 7% sobre el capital invertido, y se compromete a “extraer de sus arcas” los fondos necesarios para llegar a ese 7%, si los beneficios originados en la explotación de los ferrocarriles fueran menores. Weelwright pretende la concesión más la cesión gratuita de enormes superficies de tierras a ambos lados de las vías. En cuanto a la caución en efectivo a que lo obliga el contrato con el gobierno –una garantía de cumplimiento- se niega terminantemente a depositarla. Rawson –ministro de la Nación por entonces- se pliega a los deseos de Weelwright. El contrato definitivo para la construcción del Central Argentino exime al empresario norteamericano de pagar impuestos durante cuarenta años por la introducción de material ferroviario. Esta franquicia alude también a otras propiedades de la compañía, incluso las tierras que el Estado le cede. Sobre este “regalo” citan los británicos: “El Central Argentino ha recibido del Gobierno Nacional 1.200.000 hectáreas de tierra en donación.” Agregando luego que: “los actuales propietarios de la tierras se llaman Thomas Armstrong (99.000 hectáreas); Casey (204.000); Mackenzie (40 leguas cuadradas); Turner, Runciman, Daly, Gordon, Kavanagh, etc, distintas superficies todas ellas considerables.

Estos datos arrojan luz sobre el lucro del capital británico y el accionar del Estado argentino como facilitador de esta política. Lo que sigue configura el núcleo del artículo, evidenciando la participación de Thomas Armstrong en el financiamiento de una guerra que llenó de oprobio a nuestro país y que acabó –deliberadamente- con una nación que se resistía –causa comprobada por la cual se origina el conflicto- al libre comercio impuesto por las potencias imperiales:

“A pocos días de estallar la guerra contra el Paraguay, el periódico La Nación menciona las ofertas de empréstitos hechas por particulares y bancos extranjeros. Ello ocurre el 22 de abril de 1865; y el mismo día agrega: “No faltaron, desde el primer momento, prestamistas que ofreciesen al gobierno las sumas que necesitaba; pero esas ofertas, atentas las circunstancias, no eran hechas en las condiciones favorables que podíamos desear”(3) Una semana más tarde, el mismo diario anuncia con alborozo la contribución de 50.000 pesos que acaba de hacer don Thomas Armstrong para gastos de guerra, y su compromiso de reiterarla en suma igual durante todos y cada uno de los años que se prolongue el conflicto. Armstrong es un gran personaje y su “contribución” para la guerra resulta harto significativa; es imposible separarla de su condición de Director residente del Ferrocarril Central Argentino.”

Thomas Hutchinson (4) agrega al respecto: “habiéndose difundido la noticia de la guerra, los comerciantes extranjeros en Buenos Aires se apresuraron, “sin que se lo hayan pedido”, a realizar amplias donaciones para satisfacer las necesidades emergentes del conflicto.” El Banco de Londres fue de los primeros en acudir en auxilio del gobierno, por supuesto cobrando el elevado interés del 18%. Concurrió en apoyo financiero del Gobierno Nacional a poco de estallar la Guerra del Paraguay uniformando su acción con la del Ferrocarril Central Argentino, que adhirió bajo la forma de una donación espectacular del director señor Thomas Armstrong.

Consecuencias

La guerra significó el aplastamiento paraguayo: con su población masculina aniquilada, más de 100.000 bajas, (sobre una población de 450.000 habitantes), su territorio mutilado y sus industrias desaparecidas, el país sufrió un inmenso colapso del que tardó décadas en recuperarse.

Los vencedores, arruinados por el altísimo costo del conflicto, quedaban en manos de los banqueros ingleses que habían financiado la aventura. Brasil, Uruguay y Argentina sufrieron una bancarrota financiera que agudizó su dependencia frente a Inglaterra.

La población masculina del interior argentino fue reclutada obligatoriamente –bajo pena de muerte en caso de negación o deserción- para incorporarse en masa a una guerra absolutamente impopular (5). Las levas diezmaron poblaciones enteras y aumentaron la pobreza y exclusión de territorios de por sí pauperizados debido a la política porteña.

Conclusión

La historia oficial, escrita por la élite política y económicamente dominante -tan propensa a elevar “enanos a la altura de gigantes”- instaló en la mentalidad colectiva un discurso único dirigido a distorsionar y transfugar hechos y personajes. Fueron la educación y la prensa sus principales herramientas de propaganda. Esa deformación histórica aparece en su verdadera dimensión al cotejarlo con los nombres “insignes” que llevan nuestras plazas, calles y pueblos. Al descorrer el velo impuesto, surge la evidencia del engaño como método de dominio y conservación del orden establecido. Centenares de pueblos y ciudades, regados a lo largo y ancho de estos territorios, perpetúan la falacia. Llegará el día –más temprano que tarde- en que estos pueblos asuman su verdadera identidad, y la sostengan con una autodeterminación hoy relegada.

(1)   Baring fue el primer empréstito –deuda externa- contraído de manera onerosa por nuestro país durante el gobierno de Bernardino Rivadavia (1826-1827).

(2)   Allen Hutt (1901/1973) periodista y activista político británico.

(3)   Justo José de Urquiza (1801/1870) gobernador de Entre Ríos, líder del Partido Federal y presidente de la Confederación Argentina entre 1854 y 1860.

(4)   Estas palabras de La Nación deben ser tomadas como verdaderas, ya que el diario refleja el pensamiento de su fundador, Bartolomé Mitre (presidente argentino 1862/1868) y conoce los entretelones de la política oficial.

(5)   Thomas Joseph Hutchinson (1802/1885) diplomático, médico y escritor de viajes anglo-irlandés.

(6)   Urquiza adhirió al llamamiento hecho por Mitre para movilizar a las provincias contra el pueblo paraguayo. Los federales entrerrianos estaban indignados, escribían contra la guerra y a favor del Paraguay. López Jordán escribió a Urquiza: “Usted nos llama para combatir al Paraguay. Nunca, general. Ese pueblo es nuestro amigo. Llámenos para pelear a porteños y brasileños. Estamos prontos. Éstos son nuestros enemigos.”

Fuentes

- León Pomer (La Guerra del Paraguay)

- Raúl Scalabrini Ortiz (Política inglesa en el Río de la Plata)

- Raúl Scalabrini Ortiz (Historia de los ferrocarriles argentinos)

- Rosario y su zona: historia y curiosidades

Julio Capanna para Armstrong Región

miércoles, 4 de enero de 2012

"UN MUNDO FELIZ"

“Cuando la producción de mercancías –es decir, la elaboración de productos destinados no al consumo propio sino al cambio- alcanzó determinado desarrollo, una nueva forma de apropiación apareció en el mundo. En la forma “capitalista”, el obrero ya no se apropia el fruto de su trabajo. En un principio el obrero cambiaba el objeto que él había producido por otro objeto producido en igual forma y de valor equivalente. Con la creación del comercio mundial y la aparición de masas enormes de “obreros libres” que ofrecían en venta su fuerza de trabajo, los cimientos de un nuevo régimen aparecieron: un régimen en el cual lo que el capitalista da al obrero a cambio de lo producido por su fuerza de trabajo es extraordinariamente inferior a lo que el producido vale. Es decir, el capitalista se apodera, sin retribuirla, de una parte considerable del trabajo ajeno, y el salario con el cual dice que “paga” a sus obreros, sólo sirve a éstos para mantener su propia vida, para reponer su fuerza de trabajo y volvérsela a vender al capitalista en iguales condiciones.” (Aníbal Ponce/Educación y lucha de clases)
Dentro de estas coordenadas histórico/sociales nos movemos desde hace siglos y, nos guste o no, creamos un universo de simbolismos que remiten necesariamente a las formas de expropiación y acumulación inherentes al sistema económico dominante. Nuestra cultura se encarga de perpetuar todos y cada uno de estos símbolos que hacen a la admisión natural de las contradicciones que engendra la explotación capitalista, consagrando como “hecho natural” un sistema artificial fundamentado en dicha forma de acumulación de riqueza.

“El dinero que el obrero recibe lo gasta para conservar su fuerza de trabajo. Lo que equivale a decir, si se considera en su conjunto la clase capitalista y la clase obrera, que el obrero gasta el dinero que recibe al solo objeto de conservar al capitalista el instrumento que le permite seguir siendo capitalista” (Marx/El capital)

En la saga cinematográfica “Matrix”, millones de humanos nacemos y permanecemos durante toda nuestra vida conectados a un sistema que transforma y utiliza la energía generada por cada persona, posibilitando ello el funcionamiento de las máquinas que dominan el planeta. Un programa de computación al que nos hallamos mentalmente conectados simula las condiciones de vida del mundo de finales del siglo 21. Dentro de esta “realidad virtual” nos desenvolvemos. Cuando la “pila humana” se agota, el cuerpo es licuado y sirve de alimento al resto.

¿Ciencia ficción o crítica descarnada del sistema en que vivimos?

Ahora que las temperaturas -y el bien ganado descanso de muchos de los ante-citados por Marx- facilitan algunas horas de ocio, el que suscribe recomienda la lectura de un libro que lleva por título el que da pie a este artículo, del británico Aldous Huxley (1894-1963). Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

Aquí, allá…y en todas partes.

Julio Capanna para Armstrong/Región

jueves, 8 de diciembre de 2011

MARX, Binner y LA HISTORIA

Crítica de la intensión política socialista de quitar HISTORIA del 1º año del secundario.

“La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases”. Definición concreta la de Carlos Marx para hablar de la dialéctica humana de los últimos 7 mil años. “La clavó en el ángulo” podría argumentar –futbología mediante- refiriéndome a los 300 últimos años en los que el capitalismo se transformó en el sistema económico dominante a escala global. Para los que descreen de la conflictividad de clases inherente al capitalismo y adhieren a la idea de la “armonía” económica que engendra, marcha un ejemplo con fritas: “en EE.UU el 75% de la milanesa –léase riqueza- se la come el 1% de la población”. ¿Cómo se consigue este nivel de aceptación de tamaña desigualdad? Manteniendo a un alto porcentaje del 99% que “lo mira por TV” en un limbo de ignorancia cívica y sujeción mediática; con una buena pizca –hollywood mediante- de patrioterismo imperialista.

Pero a no confundirse. No es que los norteamericanos no conozcan al amigo Marx. Sucede que los que lo conocen y estudian -desde que al chabón y a su amigo Engels se les dio por vocear el Manifiesto Comunista- son precisamente parte de ese 1% que está en la cúspide social y económica que incluye -entre otros varios privilegios- el acceso a la educación superior en las universidades más prestigiosas. Esta educación selectiva y reservada a las clases dominantes atraviesa la totalidad de la historia humana. Hasta acá “nada nuevo bajo el sol”.

¿Y para el vulgo?...“Pan y circo”.

De lo antedicho surge la primera evidencia: CONOCIMIENTO = PODER

Si a la frase del filósofo alemán le agregamos “conocimiento” nos queda: “Conocer la historia de la humanidad es conocer la historia de la lucha de clases”. Y es aquí donde aparece la protagonista que se suma a todo este cambalache y que completa la trilogía: la POLÍTICA. Historia y Política son inseparables cuando de interpretar el presente se trata. Ignorancia o conocimiento histórico están íntimamente ligados a los valores impuestos por las clases dominantes que detentan el poder económico y por añadidura el político.

La “historia oficial” es pues el resultado lógico de esa política, que busca perpetuar los valores y simbolismos del status quo dominante; organizando la educación en todos sus niveles –inicial, secundario, terciario y universitario- en función a la aceptación de las condiciones de sometimiento y dominio inherentes al sistema económico impuesto o al que se pretende imponer.

¿Y por casa como andamos?

En los “alegres ´80”, fui uno más de los educados en un aprendizaje histórico sesgado, acotado e inocuo de los acontecimientos de nuestro país, heredado de una dictadura cívico/militar que seguiría –en lo económico- perpetuándose hasta principios del siglo XXI. Una carrera contra reloj para comprimir decenas de años, fechas y nombres en unas pocas horas semanales. Nuestra historia más reciente, la del siglo XX, quedó reducida al hecho estadístico.

Pasarían varios años hasta llegar a comprender que el desconocimiento histórico forma parte –y los acontecimientos que actualmente involucran al actual gobierno provincial y su intensión de quitar la asignatura Historia del 1º año del secundario así lo demuestran- de una estrategia política que, en sus fines últimos, nos pretende “bárbaros a civilizados”.

Julio Capanna para Armstrong/Región

jueves, 17 de noviembre de 2011

Orwellianas en Armstrong

Gran Hermano es el nombre de un personaje de la novela 1984, del británico George Orwell, publicada en 1949. Debido a la fama que alcanzó el libro, el nombre del personaje se volvió de uso frecuente tanto para referirse a gobiernos autoritarios o que ejercen un control excesivo sobre la información, como a personas u organizaciones –las corporaciones mediáticas son un ejemplo- que en su accionar ejercen una influencia peligrosa e invasiva del ámbito reservado a la intimidad.
La expresión se popularizó a escala global tras la aparición del concurso televisivo cuyo nombre hace referencia al personaje literario, hasta tal punto que la mayoría de las personas que conocen la expresión ignoran el origen y la carga política que éste conlleva.

El exhibicionismo como fórmula de éxito mediato y la exacerbación morbosa de la exterioridad física –condición básica de inclusión- son algunos de los factores que actúan sobre la identificación del sujeto mediático pasivo –el espectador- en la aceptación tácita de esa puesta en escena virtual acotada, monótona y alienante.

Detrás de bambalinas, de la mirada del “ojo que todo lo ve”, poderosos intereses económicos manejan los hilos de las marionetas humanas que se prestan a ofrendar su cotidianidad en el altar de estos dioses del consumismo, la banalidad y el individualismo.

Ícono mediático, incide sobre una conciencia generacional que asume el hecho fortuito y acotado de esos “15 minutos de fama” como atajo hacia un reconocimiento social en las antípodas de los logros fruto del esfuerzo, perseverancia y superación. En este contexto, posee características afines a la exaltación con que nuestra sociedad asume como meta individual el acceso a ese parnaso donde conviven deportistas ultra-exitosos y glamorosas modelos publicitarias.

Reducir este fenómeno mediático/social al universo de los más jóvenes evitaría –de manera autocomplaciente- hacernos cargo de la responsabilidad que nos atañe. La frenética búsqueda posmoderna del “ser” sin sustancia y del elixir de la eterna juventud,  la sobrevaloración fetichista del éxito a cualquier precio y la claudicación ante las dificultades que surgen de los conflictos generacionales son espejos del universo adulto en el que los más jóvenes se reflejan.

Vástago de un sistema hegemónico que a escala mundial privilegia e irradia los mismos des-valores, esta tragicomedia efímera es quizás la muestra más acabada de lo que el pensamiento que la engendra pretende en el más acá, en el mundo real. La panacea de una “aldea global” donde todos, conforme al libreto, actuemos como si de la vida misma se tratara.

Julio Capanna - Armstrong Región

miércoles, 19 de octubre de 2011

17 de octubre en el Delmo Daró - Una noche "con sustancia"

Hubo de todo, como en botica. Los del peronismo "que van por dentro" y los que apuestan a otras formas para llegarle a la gente. Los hubo "imberbes". Estos que desde la seducción y el fuego sagrado kirchnerista remontan la corriente histórica río arriba para encontrar las fuentes. Los "que peinan canas"; sobrevivientes de los años jodidos, los del recuerdo combativo y terco. Los del idealismo revolucionario. Estos a los que el presente amaga con darles la razón . Y también los "viejos peronistas", claro. Los del brillo en los ojos cuando las imágenes del "peronismo de Perón y Eva" desfilan por detrás de sus ojos, en el alma. Los que te cuentan la película porque la vivieron, y que como epilogo comentan al pasar: "fueron años muy felices", aquellos donde eran jóvenes, pobres...y peronistas.

Fue la de anoche una cita que se llenó de contenido. Momento místico que cobra mayor relevancia entre el devaludado universo frenético de los actos de campaña vacíos, donde se sonríe por obligación y se tejen alianzas al paso. Casi una ceremonia íntima, ligada al sentimiento más que a los altisonantes discursos y las proclamas de estación.

Valió la pena estar ahí. Pasado, presente y futuro intuyeron que la lucha no es vana, que cada uno desde su humilde condición ha sumado y sumará su prédica, pluma, pasión, compromiso, resistencia.

Fue una noche con sustancia.

Julio Capanna - 17/10/2011

lunes, 17 de octubre de 2011

Sesenta y seis años no es nada

Parecen muchos cuando de tiempos humanos se trata. Toda una vida, podría decirse. Los períodos históricos se miden en tiempos más extensos. Como ejemplo cito que la Edad Media europea duro aproximadamente 900 años, casi un milenio; y lo utilizo comparativamente con los 200 años de historia política de nuestro país, cuando la premura nos lleva a buscar en el “aquí y ahora” cambios que son consecuencias de procesos complejos, sujetos a los vaivenes de una Argentina que aun permanece en un estadio de búsqueda de su identidad como Nación.

Consecuencia de la dialéctica histórica es que las sociedades acumulan experiencia. Esto no garantiza los aciertos, ni una continuidad superadora. Es probable que las sociedades aprendan de las épocas de crisis más que las de bonanza. Avances y retrocesos forman parte de esa acumulación que va decantando y que en última instancia proporciona herramientas para encarar nuevos desafíos.

A 66 años de la fecha origen, el peronismo conserva una incidencia decisiva en la dirección del país. Contradictorio, pendular, camaleónico; habitan en su seno, más que en cualquier otra fuerza política, disyuntivas extremas que atraviesan la totalidad de su vida como movimiento de masas.

Nada puede explicarse de la historia de nuestro país en estos últimos 66 años sin la referencia obligada al la incidencia del peronismo. Aun en los momentos donde estuvo proscripto, su influencia marcó el pulso político del país. Generó, a izquierda y derecha, las más extremas tendencias, autoproclamadas merecedoras, garantes y herederas de las consignas que su líder.

¿Nace con Perón? ¿Inventa este coronel del ejército argentino un movimiento a la medida de sus ideas y que fiel a su liderazgo y autoría llevaría su apellido como característica identificatoria? ¿O fue Perón un catalizador que no hizo más que posibilitar el acceso a los más altos niveles del poder de fuerzas históricamente relegadas, latentes y reconocibles –siempre que pueda penetrarse el sólido condicionamiento de la historia “inventada” a medida por las clases dominantes- que afloraron periódicamente, a lo largo de nuestra historia, cuando las condiciones fueron propicias?

Son preguntas que después de seis décadas –poco o mucho, según se mida- continúan generando debates, análisis y reflexiones entre propios y ajenos.

El “Día de la Lealtad” resiste la tiranía del tiempo. Celebran quienes se sienten hermanados desde una profundidad de sentimientos ajenos a la razón y la lógica. En ello quizás reside su mayor fortaleza.

Personalmente, a un intento cotidiano de comprensión y análisis le agrego unas gotas de envidia.

Julio Capanna

jueves, 15 de septiembre de 2011

"La Educación en su Laberinto"

“Hoy son muchos los jóvenes que eligen ser docentes porque esto representa para ellos una oportunidad de construir otro futuro, no sólo desde lo material. La formación docente es un ámbito que convoca inquietudes, aspiraciones y compromisos de los jóvenes en el vínculo con la sociedad y la cultura a la que pertenecen. Hoy, cuando los jóvenes desembarcan masivamente en la política, la docencia, como tarea profundamente política, les ofrece una oportunidad para asumirse como partícipes de la reconstrucción de los lazos sociales, de la producción de condiciones de acceso al conocimiento, y de la revalorización y el enriquecimiento de la cultura de sus comunidades de origen”  (Marcelo Mango – Secretario de Educación de CTERA)

Fue la educación un arma política al servicio de la colonización pedagógica encargada de perpetuar los símbolos y prejuicios de las clases dominantes en alianza con los intereses extranacionales. La estructura académica se fraguó para cimentar la aceptación del status quo social, político y económico, organizado para contener al país dentro del modelo “agroexportador dependiente”. Cualquier intento de industrialización chocó siempre contra esa estructura conservadora y reaccionaria cuyo paradigma sigue siendo, a pesar del tiempo transcurrido, el del país “granero del mundo”, explícito tanto allá por los festejos del 1º Centenario, como en los actuales discursos nostálgicos de la Sociedad Rural al inaugurar cada año la ferial de Palermo.

La educación, en todos sus niveles –primario, secundario, terciario y universitario- fundamentó su accionar en la preservación y consolidación del paradigma oligárquico de un país/estancia para unos pocos privilegiados y unos muchos “de pata al suelo” como decía Jauretche.

La clase media argentina –de donde mayoritariamente se extrae la masa de profesionales de la pedagogía- surgió de ese universo reducido. Junto a médicos, abogados, contadores, etc, los “maestros” conforman esa clase intermedia, necesaria tanto para articular las relaciones intersociales, como para contener –prejuicios mediante- toda posibilidad de advenimiento a posiciones de poder de las clases bajas y proletarias. Basta recordar la resistencia de la clase media –y especialmente de los sectores académicos e intelectuales- al gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1955) para empezar a comprender un fenómeno que llega hasta el presente.

Es la enseñanza pues un factor de poder fundamental para establecer las relaciones de dominio y sumisión al régimen social establecido.

De 40 años a esta parte, a una generación de pedagogos que accedieron a la enseñanza bajo la órbita y los condicionamientos sociales y económicos de la dictadura cívico/militar (1976/1983), le suceden otras que, asimiladas a una democracia endeble y condicionada por la destrucción institucional y productiva del país, perpetúan –con relativas salvedades- las prácticas pedagógicas antedichas.

Las últimas tres décadas de neoliberalismo económico impactaron en todos los niveles de una educación que exige hoy un cambio de paradigma, donde los prejuicios sociales y el corporativismo dejen paso a nuevas relaciones. Nuevos educadores, con una renovada conciencia pedagógica para interpretar la orientación actual de un país –el de todos- que sean los artífices de una verdadera educación nacional y popular.

Julio Capanna

martes, 2 de agosto de 2011

“El mensajero no es importante”

Un condicionamiento objetivo a la hora del análisis de las relaciones de poder, es la intencionalidad manifiesta con la que el “establishment” pretende caracterizar a determinados actores políticos como carentes de una ideología que defina su accionar. Esto es, ni más ni menos, que una cortina de humo que oculta un objetivo concreto de los intereses aglutinados detrás de dicha figura. Existe un entramado a simple vista difícil de percibir, debido a la obligatoriedad de anonimato con que ese “poder detrás del poder” busca influir en las relaciones políticas, sociales y económicas.

Cabe señalar que el factor ideológico no está reservado a lo político o intelectual; nuestros actos cotidianos definen un pensamiento y a su vez son definidos por él. La ideología, aunque percibida colectivamente como privativa del ámbito político, impregna todos los estamentos sociales, que encausan así sus conflictos de clase, sus aliados y sus adversarios.

Este factor está presente tanto en el accionar de un militante que participa de una manifestación, como en el empresario que aporta económicamente para tal o cual fracción política. Difieren solo en lo manifiesto del proceder del primero y en el antedicho anonimato que persigue el segundo.

La farandulización de la política no es un hecho novedoso ni puede adjudicársele únicamente al menemismo, aunque fue bajo su influencia donde alcanzó mayor relevancia. Utilizado permanentemente como limbo del pensamiento decadente por las derechas neoliberales, no pocas veces recibe el beneplácito de una izquierda abstracta que considera “expresión popular auténtica”  la superficialidad y el vedetismo mediático, renegando una y otra vez de las expresiones auténticas del campo nacional y popular.

Centrados netamente en lo político, surge que el acceso de tal o cual candidato a los niveles de representatividad está ligado al apoyo de un entorno que lo considera el portavoz de sus necesidades, a la vez que garantía del acceso de dicho entorno al poder, que es lo que objetivamente se persigue. Posteriormente se produce la identificación o no del electorado.

El Dr. Raúl Alfonsín fue un dirigente político de extensa carrera dentro de una estructura partidaria (UCR) y accedió a la Presidencia de la Nación por el voto mayoritario de la clase media argentina.

Lula Da Silva, obrero metalúrgico y luego dirigente sindical, hizo carrera política dentro del PT (Partido de los Trabajadores), accediendo a la presidencia del vecino país con el extenso voto de las clases bajas y del proletariado brasileño.

Juan D. Perón, militar de carrera, accede al máximo poder de la Nación consolidando un frente policlasista con una base mayoritariamente obrera.

Silvio Berlusconi es un poderoso empresario de los medios de comunicación que accede al cargo de Primer Ministro con el respaldo y sostén del aparato empresarial y financiero italiano. Un amplio abanico social lo respalda gracias a la influencia y consolidación de su figura mediática.

Ejemplos de un extenso espectro político, referentes ideológicos de las clases a las que representan y de quienes obtienen el apoyo para ejercer el poder público.

El acto eleccionario es de vital importancia para el sano ejercicio de visualizar a quienes habitan en el “detrás de escena”; entendiendo además que la prédica de la antipolítica como forma superadora de los conflictos sociales esconde, tras máscaras de ingenuidad y exaltación festiva, poderosos intereses económicos que, lejos de querer ceder en su intencionalidad de dominio, trabajan denodadamente para su conservación.

Julio Capanna / Armstrong Región

sábado, 9 de julio de 2011

"Educar al soberano"

Deberíamos considerar a la educación como un patrimonio estratégico de la Nación más que como un bien de progreso personal. En el título académico, profesional, técnico especializado, reside un potencial del país que se equipara, en su capacidad social transformadora, al derivado de la explotación de los recursos naturales.

La cuestión gira entorno al papel actual del Estado como garante de una política educativa que, aunque históricamente ligada a las posibilidades de acceso de las clases altas y medias, genere los mecanismos necesarios para la inclusión a ese universo del pueblo trabajador.

Este paradigma social sería el encargado de garantizar la diferencia sustancial –en países con las condiciones geográficas favorables como el nuestro- entre una Nación soberana y una colonia abastecedora de materias primas, subordinada en el contexto económico global determinado por los países centrales.

El atraso de América Latina siempre estuvo ligado a su situación colonial derivada de las enormes riquezas que guarda en su seno. Aquí, más que en cualquier lugar del planeta, adquirió sentido trágico la ecuación: “países ricos, sociedades pobres”.

El liberalismo conservador que impregnó gran parte de la vida histórica argentina tuvo su correlato político en la alianza de la clase dominante (terrateniente/agroexportadora de la región pampeana- comercial portuaria), con el capital extranjero, y parió gobiernos subordinados y/o adictos a un “establishment” que modeló el país según las relaciones derivadas de esa situación de “estancia - factoría extranjera”. A decir de Hernández Arregui: “La historia nacional será –desde la caída de Rosas- la lucha entre las tendencias populares de las grandes masas políticas y la máquina opresora de la clase terrateniente”.

La educación no escapó a dicho contexto. Factor fundamental para cimentar los preceptos liberales y antinacionales, funcionó –en los niveles iniciales- como desvinculante de nuestras raíces indo-hispánicas, extendiendo prejuicios clasistas y raciales – aversión inicial hacia el criollo y el indio y luego hacia el inmigrante de la Europa mediterránea- que consolidaron en el pueblo una mentalidad de subordinación, sojuzgamiento espiritual y servidumbre, común a la acción de todas las oligarquías en su necesidad de perpetuar el sistema opresivo. En palabras de Jauretche: “La falsificación de la historia funciona como un sistema destinado a mantener la desvinculación y prolongarla, en lo sucesivo, imponiéndola para el futuro gracias a la acción de la prensa y la enseñanza, de la escuela a la universidad, como una dictadura del pensamiento que hiciera imposible esclarecer la verdad y encontrar en el pasado los rumbos de una política nacional”.

Las dos guerras mundiales y la consiguiente decadencia del imperio británico, al que estábamos subordinados política y económicamente, posibilitó, en la necesidad de reemplazar la importación de manufacturas, el desarrollo de la industria nacional, liberando las fuerzas sociales que permitieron la consiguiente llegada al poder de los representantes de aquellas masas campesinas y proletarias relegadas (Irigoyen/Perón), modificando esa estructura social organizada para mantener el status quo agroexportador.

Las recetas liberales, que tanto gobiernos democráticos como dictaduras cívico/militares impusieron al país, forzaron crisis económicas que repercutieron de forma intencionada en la pérdida de poder adquisitivo de las masas obreras; una planificación que en sus consecuencias últimas aseguró la imposibilidad del acceso de esas masas a niveles de enseñanza superiores. Citando nuevamente a Jauretche: “La enseñanza superior cumple entre nosotros la función de resolver el problema económico de los hijos de las minorías y parte de las clases medias y extraer, accidentalmente, algunos elementos calificados del seno del pueblo para incorporarlos. Carece de finalidades sociales más amplias y lógicamente carece de finalidad nacional. Nuestra universidad y nuestros institutos superiores están organizados para capacitar los estratos medios de la sociedad pastoril, que necesita sólo doctores y pedagogos.”

Y sentencia: “En la competencia del poder, las sociedades no pueden perder fuerzas que el privilegio deja de lado, ni malgastar las suyas, en beneficio de los individuos.”

Varios son los aspectos que deben confluir para garantizar ese acceso a los niveles más altos en la escala educativa. La impronta del Estado es lógicamente la más efectiva, pero no la única. El sindicalismo –en un momento donde ha recobrado su fuerza social histórica- debe concientizar al trabajador en el reconocimiento de la importancia de que sus hijos alcancen metas objetivas como profesionales, técnicos y pedagogos, equilibrando así un universo reservado a otras clases sociales, además de garantizar los medios necesarios para ello.

En ese equilibrio y de esa inyección de fuerzas intelectual y técnicamente preparadas provenientes del pueblo trabajador reside el cambio del paradigma de “riqueza”, en un mundo donde el conocimiento sigue siendo un factor de poder estratégico global.

Julio Capanna

viernes, 17 de junio de 2011

Las “INVASIONES BÁRBARAS”

Los pueblos de esta zona nacieron hace casi un siglo y medio como apéndices del Imperio Británico. La red ferroviaria trazada en forma de telaraña y abanico, con su centro en los puertos de Buenos Aires, Rosario y Bahía Blanca, desde donde partían hacia Inglaterra los granos y las carnes que alimentarían luego a Europa, demuestran ese carácter apendicular. Evidencia de la influencia británica son casos como los de Bell Ville, Armstrong y Estación Clark (Carrizales), donde el nombre está ligado a empresarios británicos que recibieron tierras del gobierno nacional a la vera del Ferrocarril Central Argentino. Otros como Las Rosas, El Trébol y Los Cardos deben su bautismo a representaciones nobiliarias. Así pues, en origen surgieron estos pueblos como puntos de referencia para el acopio y traslado de materias primas hacia la metrópoli imperial.

Es la historia del Ferrocarril Argentino la historia de la dominación inglesa de nuestra economía. Su diseño y ejecución estuvo circunspecto al beneficio del capital británico aliado a la oligarquía nacional agroexportadora. Análisis históricos como los de Scalabrini Ortiz (Política Británica en el Río de la Plata -1936, Historia de los Ferrocarriles Argentinos -1940) entre otros, demuestran lo antedicho, denunciando además con rigurosidad el carácter colonial impuesto a nuestro país a partir de esta alianza que garantizaba la dependencia política y económica.

Alrededor de 1880, aniquilados los Pueblos Originarios tras la “Campaña del Desierto”, derrotados los últimos caudillos federales enemigos del centralismo porteño, y diezmada la población autóctona (criollos, mestizos y negros y mulatos descendientes de antiguos esclavos) en la “Guerra del Paraguay”, comienza el incentivo inmigratorio. Llegan a esta zona los primeros contingentes donde sobresalen en número italianos y españoles. Escapan de las guerras y de la crisis económica que sacude al viejo continente y que repercute con mayor fuerza en las poblaciones rurales. Masas campesinas con escaso conocimiento de las nuevas técnicas agrícolas desarrolladas en los países centrales a partir de la revolución industrial, analfabetos en su mayoría, vienen a “hacerse la América”, con el anhelo de “hacer fortuna” rápido, para regresar luego a sus patrias de origen. Son italianos quienes en mayor número se asientan en el campo. Los españoles van a estar ligados al comercio y los servicios en las ciudades más pobladas.

Así se desarrollan estos pueblos como “línea” fronteriza entre el antiguo país mestizo,  que concentra su población en las ciudades del centro y noroeste (Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba) y el país en expansión que desde los puertos de ultramar incorpora, con el caudal inmigratorio, territorios productivos para maximizar la explotación agrícola y ganadera. Es aquí donde ambas culturas –criolla y gringa- interactúan. Cedidas las tierras fiscales al colono europeo, es éste quien concentró los beneficios de la producción y quien impuso el carácter cultural a la región.

La raíz indo-hispánica, con una fuerte tradición histórica oral, fue sustituida de manera sistemática e intencional por una “enseñanza pública” con la que la clase político/económica dominante impuso su propia visión “liberal” de los acontecimientos; erigiendo nuevos próceres, condenando a otros al ostracismo y distorsionando sucesos históricos según su conveniencia. Ese aprendizaje falsificado, distorsionado y parcial fue fácil de introducir y su credibilidad estuvo asegurada gracias a que los hijos de los inmigrantes que asistían al colegio público no tenían lazos de continuidad histórica y sanguínea con la nueva patria. Persistirían por mucho tiempo –debido a la influencia idiomática del núcleo familiar-  las tradiciones y costumbres importadas desde sus países de origen.

Esa desvinculación con el devenir histórico de las culturas que coexistieron aquí con anterioridad al “aluvión inmigratorio” llega hasta el presente. No sabemos –salvo raras excepciones- absolutamente nada del pasado histórico de la región en la que vivimos; y lo que es más grave, somos educados en la creencia de que esa historia se inicia con nosotros, los habitantes más recientes de estos territorios. La revalorización de la cultura mestiza, más allá del “tradicionalismo”, debe abordarse fundamentalmente desde el ámbito educativo, ya que mucho del daño sufrido por aquella se debe a la utilización de la pedagogía como fórmula desvinculante.

Este es quizás el más grande desafío que deba afrontar en el presente una educación que se articule desde y con una base Nacional y Popular.

Julio Capanna

domingo, 12 de junio de 2011

Apuntes sobre la "Campaña del Desierto"

“Roca fue implementando la esclavitud en el frente, lo que aquella brillante Asamblea del año XIII había eliminado cuando declaró la libertad de vientres. En todos los diarios de Buenos Aires, en 1879, se pueden ver los avisos donde dice reparto de indios, recorran los diarios. Y La Nación del 21 de enero de 1879, un diario conservador, publicó esta crónica: ‘Llegan los indios prisioneros con sus familias a los cuales los trajeron caminando en su mayor parte o en carros, la desesperación, el llanto no cesa, se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano los hombres indios se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre indio se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización." (Osvaldo Bayer)

"Roca dejó el camino expedito para entregar las tierras a los nuevos propietarios, a los que ya había sido asignada antes de la operación militar mediante la suscripción de 4.000 bonos de 400 pesos, cada uno de los cuales dio derecho a 2.500 hectáreas. Un total de diez millones de hectáreas, en consecuencia, fueron vendidas por el Estado a comerciantes y estancieros bonaerenses en forma previa a la conquista de las tierras, no del "desierto", mientras que el excedente obtenido, en lotes de a 40.000 hectáreas cada uno, fue rematado en 1882 en Londres y París, dando lugar así a la aparición de los primeros terratenientes de esos orígenes en los campos argentinos.Y como aún quedó más y nadie pensó en los aborígenes, en 1885 se cancelaron con tierras las deudas acumuladas con los soldados desde 1878, ya que llevaban siete años sin cobrar, pero como tanto los oficiales como la milicia necesitaban efectivo, terminaron malvendiendo sus partes a los mismos que habían sido los financistas primitivos, de manera que toda esa superficie pasó a manos de 344 propietarios a un promedio de 31.596 hectáreas cada uno." (Apropiación de la tierra a los aborígenes y genocidios en el Río de la Plata), Fernando del Corro, periodista y docente de la UBA

"Es increíble la forma como se repartió la tierra después de la campaña del desierto, fíjense en el resultado que sacamos del Boletín de la Sociedad Rural Argentina fundada en 1868, fíjense que entre 1876 y 1903, en 27 años, se otorgaron 41.787.000 hectáreas a 1843 terratenientes, vinculados estrechamente por lazos económicos y familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período, principalmente a la familia Roca”. Los documentos que menciona dicen que “sesenta y siete propietarios pasaron a ser dueños de seis millones de hectáreas, entre ellos se destacaban veinticuatro de las familias llamadas patricias, que recibieron entre 200.000 hectáreas (la familia Luro) y 2.500.000 obtenidas por la familia Martínez de Hoz, bisabuelo del que iba a ser ministro de economía de la dictadura militar" (Osvaldo Bayer)

El Informe Oficial de la Comisión Científica que acompañó al Ejército Argentino es considerablemente específico respecto de los resultados de la guerra:
El año 1879 tendrá en los anales de la República Argentina una importancia mucho más considerable que la que le han atribuido los contemporáneos. Ha visto realizarse un acontecimiento cuyas consecuencias sobre la historia nacional obligan más la gratitud de las generaciones venideras que la de la presente, y cuyo alcance, desconocido hoy, por transitorias cuestiones de personas y de partido, necesita, para revelarse en toda su magnitud, la imparcial perspectiva del porvenir. Ese acontecimiento es la supresión de los indios ladrones que ocupaban el Sur de nuestro territorio y asolaban sus distritos fronterizos: es la campaña llevada a cabo con acierto y energía, que ha dado por resultado la ocupación de la línea del Río Negro y del Neuquén.
Se trataba de conquistar un área de 15.000 leguas cuadradas ocupadas cuando menos por unas 15.000 almas, pues pasa de 14.000 el número de muertos y prisioneros que ha reportado la campaña. Se trataba de conquistarlas en el sentido más lato de la expresión. No era cuestión de recorrerlas y de dominar con gran aparato, pero transitoriamente, como lo había hecho la expedición del Gral. Pacheco al Neuquén, el espacio que pisaban los cascos de los caballos del ejército y el círculo donde alcanzaban las balas de sus fusiles. Era necesario conquistar real y eficazmente esas 15.000 leguas, limpiarlas de indios de un modo tan absoluto, tan incuestionable, que la más asustadiza de las asustadizas cosas del mundo, el capital destinado a vivificar las empresas de ganadería y agricultura, tuviera él mismo que tributar homenaje a la evidencia, que no experimentase recelo en lanzarse sobre las huellas del ejército expedicionario y sellar la toma de posesión por el hombre civilizado de tan dilatadas comarcas.
Y eran tan eficaces los nuevos principios de guerra fronteriza que habían dictado estas medidas, que hemos asistido a un espectáculo inesperado. Esas maniobras preliminares, que no eran sino la preparación de la campaña, fueron en el acto decisivas. Quebraron el poder de los indios de un modo tan completo, que la expedición al Río Negro se encontró casi hecha antes de ser principiada. No hubo una sola de esas columnas de exploración que no volviese con una tribu entera prisionera, y cuando llegó el momento señalado para el golpe final, no existían en toda la pampa central sino grupos de fugitivos sin cohesión y sin jefes.
Es evidente que en una gran parte de las llanuras recién abiertas al trabajo humano, la naturaleza no lo ha hecho todo, y que el arte y la ciencia deben intervenir en su cultivo, como han tenido parte en su conquista. Pero se debe considerar, por una parte, que los esfuerzos que habría que hacer para transformar estos campos en valiosos elementos de riqueza y de progreso, no están fuera de proporción con las aspiraciones de una raza joven y emprendedora; por otra parte, que la superioridad intelectual, la actividad y la ilustración, que ensanchan los horizontes del porvenir y hacen brotar nuevas fuentes de producción para la humanidad, son los mejores títulos para el dominio de las tierras nuevas. Precisamente al amparo de estos principios, se han quitado éstas a la raza estéril que las ocupaba.

martes, 7 de junio de 2011

Mariano Moreno y la "prensa independiente”

De la época en que las ideas se defendían con la pluma, la palabra -y la espada- viene Moreno a plantearnos que hablar de “prensa independiente” es casi como hablar de “inteligencia militar”.

El criollo Moreno -mayor de catorce hermanos- estudió leyes, latín, lógica y filosofía. Cuando en 1810 se constituye la Primera Junta, es nombrado secretario, teniendo además bajo su cargo el Departamento de Gobierno, de Guerra y Relaciones Exteriores. Al mismo tiempo funda la Biblioteca Pública, establece una academia de instrucción militar y de matemáticas para oficiales, crea una fábrica de armas, decreta la rehabilitación de los puertos de Ensenada de Barragán y de Patagones y dicta la providencia para el arreglo de los caminos y el adelanto de las poblaciones del interior. Redacta, entre mate y mate, LA GACETA de BUENOS AIRES, periódico que nace con el nuevo régimen. Cuenta el muchacho por entonces con 33 años.

El texto fundacional de La Gaceta dice en alguno de sus párrafos: “Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal…que anuncie al público las noticias exteriores e interiores que deban mirarse con algún interés. La utilidad de los discursos de hombres ilustrados y que sostengan y dirijan el patriotismo y fidelidad, que tan heroicamente se ha desplegado, nunca es mayor que cuando el choque de las opiniones pudiera envolver en tinieblas aquellos principios. El pueblo recibirá esta medida como una demostración sincera del aprecio que hace la Junta de su confianza; y de que no anima otro espíritu sus providencias que el deseo de asegurar la felicidad de estas provincias”.

Seguramente en la actualidad LA GACETA sería vista por el establishment como un órgano más del “oficialismo” que con falacias varias pretende instaurar en la población ideas populistas (conste que faltaban aun casi 200 años para que programas como 6,7,8 fuesen los depositarios de dicho adjetivo).

El acto fundacional de La Gaceta (7 de junio de 1810) sirve para que desde 1938 se lo considere a este como el “Día del Periodista”.

En un país como el nuestro que ha hecho culto de la mitología liberal, llama la atención que se eligiese la fecha fundacional antedicha a la de –por ejemplo- el diario que creara el presidente Bartolomé Mitre, periódico que, con histórico predicamento liberal, llega hasta nuestra actualidad. Tal vez en aquel momento de decidirse la fecha de celebración, el “lobby” de éste no contase con aliados lo suficientemente poderosos, ya que en aquellos oscuros tiempos de la “Década Infame” aun no existía el antidemocrático y golpista oligopolio empresarial SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), y faltaban todavía algunos años para que apareciera en el mercado el periódico de Roberto Noble.

¿Qué diría en la actualidad el jacobino Mariano Moreno ante la pregunta de si se consideraría un “periodista independiente”? Seguramente su respuesta no estaría acotada por el condicionamiento que en la actualidad encuentran muchos periodista que amurallados detrás de una fachada “independiente”, pretenden ocultar el trabajo de sus laboriosas plumas –y cuerdas vocales- en la defensa de los intereses privados con los que comulgan y a los que se someten.

Aquí, allá y en todas partes.

Julio Capanna

sábado, 4 de junio de 2011

¡A otro perro con ese hueso Sr. Lisfchitz!

Lisfchitz dijo que este escenario "ratifica lo que muchos pensábamos desde hace tiempo, la necesidad de que Hermes Binner sea candidato a Presidente, y que pueda encarnar y representar un proyecto verdaderamente progresista, democrático, y de futuro para la Argentina; con muchos sectores, incluso de la UCR.

Ante lo dicho en su pretensión electoralista de convencernos de que "Binner encarna y representa un proyecto verdaderamente progresista, democrático, y de futuro para la Argentina, surge inmediatamente y casi por decantación el siguiente planteo:

¿Y el 65% de argentinos que adherimos al modelo que encarna CRISTINA FERNÁNDEZ qué estamos apoyando?¿El antiprogresismo, el fascismo, el regreso al pasado? ¿Estamos tan equivocados?¿No nos dimos cuenta de que Binner, desde su "progresismo" provinciano será el superador, entre otras cosas, de la LEY DE MEDIOS, LA ASIGNACIÓN UNIVERSAL POR HIJO, ASIGNACIÓN POR EMBARAZO, ESTATIZACIÓN DEL SISTEMA PREVISIONAL, LEY DE MATRIMONIO IGUALITARIO, RE-ESTATIZACIÓN DE AEROLÍNEAS, YACYRETÁ, AUTOPISTA ROSARIO-CÓRDOBA, JUICIOS POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD, REFINANCIACIÓN DE LA DEUDA EXTERNA, INCENTIVO A LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA, PROTECCIÓN DE LA INDUSTRIA NACIONAL, y varios otros hitos en la história de nuestro país que hoy podemos disfrutar gracias a las políticas de desde 2003 llevaron adelante NÉSTOR Y CRISTINA?

Para estos referentes del "progresismo" que alardean del título por el mero hecho de mostrar su carnet del PS (como si esto ocultaría una historia que los encontró subidos al caballo del amo y nunca a pata con el pueblo) vale este adagio popular que condensa nuestro fascista, antiprogresista y retrogado pensar:

¡A OTRO PERRO CON ESE HUESO!

Julio Capanna