"Hacer un país es hacer hombres para que, a su vez, los hombres hagan el país" (Arturo Jauretche)

jueves, 8 de diciembre de 2011

MARX, Binner y LA HISTORIA

Crítica de la intensión política socialista de quitar HISTORIA del 1º año del secundario.

“La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases”. Definición concreta la de Carlos Marx para hablar de la dialéctica humana de los últimos 7 mil años. “La clavó en el ángulo” podría argumentar –futbología mediante- refiriéndome a los 300 últimos años en los que el capitalismo se transformó en el sistema económico dominante a escala global. Para los que descreen de la conflictividad de clases inherente al capitalismo y adhieren a la idea de la “armonía” económica que engendra, marcha un ejemplo con fritas: “en EE.UU el 75% de la milanesa –léase riqueza- se la come el 1% de la población”. ¿Cómo se consigue este nivel de aceptación de tamaña desigualdad? Manteniendo a un alto porcentaje del 99% que “lo mira por TV” en un limbo de ignorancia cívica y sujeción mediática; con una buena pizca –hollywood mediante- de patrioterismo imperialista.

Pero a no confundirse. No es que los norteamericanos no conozcan al amigo Marx. Sucede que los que lo conocen y estudian -desde que al chabón y a su amigo Engels se les dio por vocear el Manifiesto Comunista- son precisamente parte de ese 1% que está en la cúspide social y económica que incluye -entre otros varios privilegios- el acceso a la educación superior en las universidades más prestigiosas. Esta educación selectiva y reservada a las clases dominantes atraviesa la totalidad de la historia humana. Hasta acá “nada nuevo bajo el sol”.

¿Y para el vulgo?...“Pan y circo”.

De lo antedicho surge la primera evidencia: CONOCIMIENTO = PODER

Si a la frase del filósofo alemán le agregamos “conocimiento” nos queda: “Conocer la historia de la humanidad es conocer la historia de la lucha de clases”. Y es aquí donde aparece la protagonista que se suma a todo este cambalache y que completa la trilogía: la POLÍTICA. Historia y Política son inseparables cuando de interpretar el presente se trata. Ignorancia o conocimiento histórico están íntimamente ligados a los valores impuestos por las clases dominantes que detentan el poder económico y por añadidura el político.

La “historia oficial” es pues el resultado lógico de esa política, que busca perpetuar los valores y simbolismos del status quo dominante; organizando la educación en todos sus niveles –inicial, secundario, terciario y universitario- en función a la aceptación de las condiciones de sometimiento y dominio inherentes al sistema económico impuesto o al que se pretende imponer.

¿Y por casa como andamos?

En los “alegres ´80”, fui uno más de los educados en un aprendizaje histórico sesgado, acotado e inocuo de los acontecimientos de nuestro país, heredado de una dictadura cívico/militar que seguiría –en lo económico- perpetuándose hasta principios del siglo XXI. Una carrera contra reloj para comprimir decenas de años, fechas y nombres en unas pocas horas semanales. Nuestra historia más reciente, la del siglo XX, quedó reducida al hecho estadístico.

Pasarían varios años hasta llegar a comprender que el desconocimiento histórico forma parte –y los acontecimientos que actualmente involucran al actual gobierno provincial y su intensión de quitar la asignatura Historia del 1º año del secundario así lo demuestran- de una estrategia política que, en sus fines últimos, nos pretende “bárbaros a civilizados”.

Julio Capanna para Armstrong/Región

jueves, 17 de noviembre de 2011

Orwellianas en Armstrong

Gran Hermano es el nombre de un personaje de la novela 1984, del británico George Orwell, publicada en 1949. Debido a la fama que alcanzó el libro, el nombre del personaje se volvió de uso frecuente tanto para referirse a gobiernos autoritarios o que ejercen un control excesivo sobre la información, como a personas u organizaciones –las corporaciones mediáticas son un ejemplo- que en su accionar ejercen una influencia peligrosa e invasiva del ámbito reservado a la intimidad.
La expresión se popularizó a escala global tras la aparición del concurso televisivo cuyo nombre hace referencia al personaje literario, hasta tal punto que la mayoría de las personas que conocen la expresión ignoran el origen y la carga política que éste conlleva.

El exhibicionismo como fórmula de éxito mediato y la exacerbación morbosa de la exterioridad física –condición básica de inclusión- son algunos de los factores que actúan sobre la identificación del sujeto mediático pasivo –el espectador- en la aceptación tácita de esa puesta en escena virtual acotada, monótona y alienante.

Detrás de bambalinas, de la mirada del “ojo que todo lo ve”, poderosos intereses económicos manejan los hilos de las marionetas humanas que se prestan a ofrendar su cotidianidad en el altar de estos dioses del consumismo, la banalidad y el individualismo.

Ícono mediático, incide sobre una conciencia generacional que asume el hecho fortuito y acotado de esos “15 minutos de fama” como atajo hacia un reconocimiento social en las antípodas de los logros fruto del esfuerzo, perseverancia y superación. En este contexto, posee características afines a la exaltación con que nuestra sociedad asume como meta individual el acceso a ese parnaso donde conviven deportistas ultra-exitosos y glamorosas modelos publicitarias.

Reducir este fenómeno mediático/social al universo de los más jóvenes evitaría –de manera autocomplaciente- hacernos cargo de la responsabilidad que nos atañe. La frenética búsqueda posmoderna del “ser” sin sustancia y del elixir de la eterna juventud,  la sobrevaloración fetichista del éxito a cualquier precio y la claudicación ante las dificultades que surgen de los conflictos generacionales son espejos del universo adulto en el que los más jóvenes se reflejan.

Vástago de un sistema hegemónico que a escala mundial privilegia e irradia los mismos des-valores, esta tragicomedia efímera es quizás la muestra más acabada de lo que el pensamiento que la engendra pretende en el más acá, en el mundo real. La panacea de una “aldea global” donde todos, conforme al libreto, actuemos como si de la vida misma se tratara.

Julio Capanna - Armstrong Región

miércoles, 19 de octubre de 2011

17 de octubre en el Delmo Daró - Una noche "con sustancia"

Hubo de todo, como en botica. Los del peronismo "que van por dentro" y los que apuestan a otras formas para llegarle a la gente. Los hubo "imberbes". Estos que desde la seducción y el fuego sagrado kirchnerista remontan la corriente histórica río arriba para encontrar las fuentes. Los "que peinan canas"; sobrevivientes de los años jodidos, los del recuerdo combativo y terco. Los del idealismo revolucionario. Estos a los que el presente amaga con darles la razón . Y también los "viejos peronistas", claro. Los del brillo en los ojos cuando las imágenes del "peronismo de Perón y Eva" desfilan por detrás de sus ojos, en el alma. Los que te cuentan la película porque la vivieron, y que como epilogo comentan al pasar: "fueron años muy felices", aquellos donde eran jóvenes, pobres...y peronistas.

Fue la de anoche una cita que se llenó de contenido. Momento místico que cobra mayor relevancia entre el devaludado universo frenético de los actos de campaña vacíos, donde se sonríe por obligación y se tejen alianzas al paso. Casi una ceremonia íntima, ligada al sentimiento más que a los altisonantes discursos y las proclamas de estación.

Valió la pena estar ahí. Pasado, presente y futuro intuyeron que la lucha no es vana, que cada uno desde su humilde condición ha sumado y sumará su prédica, pluma, pasión, compromiso, resistencia.

Fue una noche con sustancia.

Julio Capanna - 17/10/2011

lunes, 17 de octubre de 2011

Sesenta y seis años no es nada

Parecen muchos cuando de tiempos humanos se trata. Toda una vida, podría decirse. Los períodos históricos se miden en tiempos más extensos. Como ejemplo cito que la Edad Media europea duro aproximadamente 900 años, casi un milenio; y lo utilizo comparativamente con los 200 años de historia política de nuestro país, cuando la premura nos lleva a buscar en el “aquí y ahora” cambios que son consecuencias de procesos complejos, sujetos a los vaivenes de una Argentina que aun permanece en un estadio de búsqueda de su identidad como Nación.

Consecuencia de la dialéctica histórica es que las sociedades acumulan experiencia. Esto no garantiza los aciertos, ni una continuidad superadora. Es probable que las sociedades aprendan de las épocas de crisis más que las de bonanza. Avances y retrocesos forman parte de esa acumulación que va decantando y que en última instancia proporciona herramientas para encarar nuevos desafíos.

A 66 años de la fecha origen, el peronismo conserva una incidencia decisiva en la dirección del país. Contradictorio, pendular, camaleónico; habitan en su seno, más que en cualquier otra fuerza política, disyuntivas extremas que atraviesan la totalidad de su vida como movimiento de masas.

Nada puede explicarse de la historia de nuestro país en estos últimos 66 años sin la referencia obligada al la incidencia del peronismo. Aun en los momentos donde estuvo proscripto, su influencia marcó el pulso político del país. Generó, a izquierda y derecha, las más extremas tendencias, autoproclamadas merecedoras, garantes y herederas de las consignas que su líder.

¿Nace con Perón? ¿Inventa este coronel del ejército argentino un movimiento a la medida de sus ideas y que fiel a su liderazgo y autoría llevaría su apellido como característica identificatoria? ¿O fue Perón un catalizador que no hizo más que posibilitar el acceso a los más altos niveles del poder de fuerzas históricamente relegadas, latentes y reconocibles –siempre que pueda penetrarse el sólido condicionamiento de la historia “inventada” a medida por las clases dominantes- que afloraron periódicamente, a lo largo de nuestra historia, cuando las condiciones fueron propicias?

Son preguntas que después de seis décadas –poco o mucho, según se mida- continúan generando debates, análisis y reflexiones entre propios y ajenos.

El “Día de la Lealtad” resiste la tiranía del tiempo. Celebran quienes se sienten hermanados desde una profundidad de sentimientos ajenos a la razón y la lógica. En ello quizás reside su mayor fortaleza.

Personalmente, a un intento cotidiano de comprensión y análisis le agrego unas gotas de envidia.

Julio Capanna

jueves, 15 de septiembre de 2011

"La Educación en su Laberinto"

“Hoy son muchos los jóvenes que eligen ser docentes porque esto representa para ellos una oportunidad de construir otro futuro, no sólo desde lo material. La formación docente es un ámbito que convoca inquietudes, aspiraciones y compromisos de los jóvenes en el vínculo con la sociedad y la cultura a la que pertenecen. Hoy, cuando los jóvenes desembarcan masivamente en la política, la docencia, como tarea profundamente política, les ofrece una oportunidad para asumirse como partícipes de la reconstrucción de los lazos sociales, de la producción de condiciones de acceso al conocimiento, y de la revalorización y el enriquecimiento de la cultura de sus comunidades de origen”  (Marcelo Mango – Secretario de Educación de CTERA)

Fue la educación un arma política al servicio de la colonización pedagógica encargada de perpetuar los símbolos y prejuicios de las clases dominantes en alianza con los intereses extranacionales. La estructura académica se fraguó para cimentar la aceptación del status quo social, político y económico, organizado para contener al país dentro del modelo “agroexportador dependiente”. Cualquier intento de industrialización chocó siempre contra esa estructura conservadora y reaccionaria cuyo paradigma sigue siendo, a pesar del tiempo transcurrido, el del país “granero del mundo”, explícito tanto allá por los festejos del 1º Centenario, como en los actuales discursos nostálgicos de la Sociedad Rural al inaugurar cada año la ferial de Palermo.

La educación, en todos sus niveles –primario, secundario, terciario y universitario- fundamentó su accionar en la preservación y consolidación del paradigma oligárquico de un país/estancia para unos pocos privilegiados y unos muchos “de pata al suelo” como decía Jauretche.

La clase media argentina –de donde mayoritariamente se extrae la masa de profesionales de la pedagogía- surgió de ese universo reducido. Junto a médicos, abogados, contadores, etc, los “maestros” conforman esa clase intermedia, necesaria tanto para articular las relaciones intersociales, como para contener –prejuicios mediante- toda posibilidad de advenimiento a posiciones de poder de las clases bajas y proletarias. Basta recordar la resistencia de la clase media –y especialmente de los sectores académicos e intelectuales- al gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1955) para empezar a comprender un fenómeno que llega hasta el presente.

Es la enseñanza pues un factor de poder fundamental para establecer las relaciones de dominio y sumisión al régimen social establecido.

De 40 años a esta parte, a una generación de pedagogos que accedieron a la enseñanza bajo la órbita y los condicionamientos sociales y económicos de la dictadura cívico/militar (1976/1983), le suceden otras que, asimiladas a una democracia endeble y condicionada por la destrucción institucional y productiva del país, perpetúan –con relativas salvedades- las prácticas pedagógicas antedichas.

Las últimas tres décadas de neoliberalismo económico impactaron en todos los niveles de una educación que exige hoy un cambio de paradigma, donde los prejuicios sociales y el corporativismo dejen paso a nuevas relaciones. Nuevos educadores, con una renovada conciencia pedagógica para interpretar la orientación actual de un país –el de todos- que sean los artífices de una verdadera educación nacional y popular.

Julio Capanna

martes, 2 de agosto de 2011

“El mensajero no es importante”

Un condicionamiento objetivo a la hora del análisis de las relaciones de poder, es la intencionalidad manifiesta con la que el “establishment” pretende caracterizar a determinados actores políticos como carentes de una ideología que defina su accionar. Esto es, ni más ni menos, que una cortina de humo que oculta un objetivo concreto de los intereses aglutinados detrás de dicha figura. Existe un entramado a simple vista difícil de percibir, debido a la obligatoriedad de anonimato con que ese “poder detrás del poder” busca influir en las relaciones políticas, sociales y económicas.

Cabe señalar que el factor ideológico no está reservado a lo político o intelectual; nuestros actos cotidianos definen un pensamiento y a su vez son definidos por él. La ideología, aunque percibida colectivamente como privativa del ámbito político, impregna todos los estamentos sociales, que encausan así sus conflictos de clase, sus aliados y sus adversarios.

Este factor está presente tanto en el accionar de un militante que participa de una manifestación, como en el empresario que aporta económicamente para tal o cual fracción política. Difieren solo en lo manifiesto del proceder del primero y en el antedicho anonimato que persigue el segundo.

La farandulización de la política no es un hecho novedoso ni puede adjudicársele únicamente al menemismo, aunque fue bajo su influencia donde alcanzó mayor relevancia. Utilizado permanentemente como limbo del pensamiento decadente por las derechas neoliberales, no pocas veces recibe el beneplácito de una izquierda abstracta que considera “expresión popular auténtica”  la superficialidad y el vedetismo mediático, renegando una y otra vez de las expresiones auténticas del campo nacional y popular.

Centrados netamente en lo político, surge que el acceso de tal o cual candidato a los niveles de representatividad está ligado al apoyo de un entorno que lo considera el portavoz de sus necesidades, a la vez que garantía del acceso de dicho entorno al poder, que es lo que objetivamente se persigue. Posteriormente se produce la identificación o no del electorado.

El Dr. Raúl Alfonsín fue un dirigente político de extensa carrera dentro de una estructura partidaria (UCR) y accedió a la Presidencia de la Nación por el voto mayoritario de la clase media argentina.

Lula Da Silva, obrero metalúrgico y luego dirigente sindical, hizo carrera política dentro del PT (Partido de los Trabajadores), accediendo a la presidencia del vecino país con el extenso voto de las clases bajas y del proletariado brasileño.

Juan D. Perón, militar de carrera, accede al máximo poder de la Nación consolidando un frente policlasista con una base mayoritariamente obrera.

Silvio Berlusconi es un poderoso empresario de los medios de comunicación que accede al cargo de Primer Ministro con el respaldo y sostén del aparato empresarial y financiero italiano. Un amplio abanico social lo respalda gracias a la influencia y consolidación de su figura mediática.

Ejemplos de un extenso espectro político, referentes ideológicos de las clases a las que representan y de quienes obtienen el apoyo para ejercer el poder público.

El acto eleccionario es de vital importancia para el sano ejercicio de visualizar a quienes habitan en el “detrás de escena”; entendiendo además que la prédica de la antipolítica como forma superadora de los conflictos sociales esconde, tras máscaras de ingenuidad y exaltación festiva, poderosos intereses económicos que, lejos de querer ceder en su intencionalidad de dominio, trabajan denodadamente para su conservación.

Julio Capanna / Armstrong Región

sábado, 9 de julio de 2011

"Educar al soberano"

Deberíamos considerar a la educación como un patrimonio estratégico de la Nación más que como un bien de progreso personal. En el título académico, profesional, técnico especializado, reside un potencial del país que se equipara, en su capacidad social transformadora, al derivado de la explotación de los recursos naturales.

La cuestión gira entorno al papel actual del Estado como garante de una política educativa que, aunque históricamente ligada a las posibilidades de acceso de las clases altas y medias, genere los mecanismos necesarios para la inclusión a ese universo del pueblo trabajador.

Este paradigma social sería el encargado de garantizar la diferencia sustancial –en países con las condiciones geográficas favorables como el nuestro- entre una Nación soberana y una colonia abastecedora de materias primas, subordinada en el contexto económico global determinado por los países centrales.

El atraso de América Latina siempre estuvo ligado a su situación colonial derivada de las enormes riquezas que guarda en su seno. Aquí, más que en cualquier lugar del planeta, adquirió sentido trágico la ecuación: “países ricos, sociedades pobres”.

El liberalismo conservador que impregnó gran parte de la vida histórica argentina tuvo su correlato político en la alianza de la clase dominante (terrateniente/agroexportadora de la región pampeana- comercial portuaria), con el capital extranjero, y parió gobiernos subordinados y/o adictos a un “establishment” que modeló el país según las relaciones derivadas de esa situación de “estancia - factoría extranjera”. A decir de Hernández Arregui: “La historia nacional será –desde la caída de Rosas- la lucha entre las tendencias populares de las grandes masas políticas y la máquina opresora de la clase terrateniente”.

La educación no escapó a dicho contexto. Factor fundamental para cimentar los preceptos liberales y antinacionales, funcionó –en los niveles iniciales- como desvinculante de nuestras raíces indo-hispánicas, extendiendo prejuicios clasistas y raciales – aversión inicial hacia el criollo y el indio y luego hacia el inmigrante de la Europa mediterránea- que consolidaron en el pueblo una mentalidad de subordinación, sojuzgamiento espiritual y servidumbre, común a la acción de todas las oligarquías en su necesidad de perpetuar el sistema opresivo. En palabras de Jauretche: “La falsificación de la historia funciona como un sistema destinado a mantener la desvinculación y prolongarla, en lo sucesivo, imponiéndola para el futuro gracias a la acción de la prensa y la enseñanza, de la escuela a la universidad, como una dictadura del pensamiento que hiciera imposible esclarecer la verdad y encontrar en el pasado los rumbos de una política nacional”.

Las dos guerras mundiales y la consiguiente decadencia del imperio británico, al que estábamos subordinados política y económicamente, posibilitó, en la necesidad de reemplazar la importación de manufacturas, el desarrollo de la industria nacional, liberando las fuerzas sociales que permitieron la consiguiente llegada al poder de los representantes de aquellas masas campesinas y proletarias relegadas (Irigoyen/Perón), modificando esa estructura social organizada para mantener el status quo agroexportador.

Las recetas liberales, que tanto gobiernos democráticos como dictaduras cívico/militares impusieron al país, forzaron crisis económicas que repercutieron de forma intencionada en la pérdida de poder adquisitivo de las masas obreras; una planificación que en sus consecuencias últimas aseguró la imposibilidad del acceso de esas masas a niveles de enseñanza superiores. Citando nuevamente a Jauretche: “La enseñanza superior cumple entre nosotros la función de resolver el problema económico de los hijos de las minorías y parte de las clases medias y extraer, accidentalmente, algunos elementos calificados del seno del pueblo para incorporarlos. Carece de finalidades sociales más amplias y lógicamente carece de finalidad nacional. Nuestra universidad y nuestros institutos superiores están organizados para capacitar los estratos medios de la sociedad pastoril, que necesita sólo doctores y pedagogos.”

Y sentencia: “En la competencia del poder, las sociedades no pueden perder fuerzas que el privilegio deja de lado, ni malgastar las suyas, en beneficio de los individuos.”

Varios son los aspectos que deben confluir para garantizar ese acceso a los niveles más altos en la escala educativa. La impronta del Estado es lógicamente la más efectiva, pero no la única. El sindicalismo –en un momento donde ha recobrado su fuerza social histórica- debe concientizar al trabajador en el reconocimiento de la importancia de que sus hijos alcancen metas objetivas como profesionales, técnicos y pedagogos, equilibrando así un universo reservado a otras clases sociales, además de garantizar los medios necesarios para ello.

En ese equilibrio y de esa inyección de fuerzas intelectual y técnicamente preparadas provenientes del pueblo trabajador reside el cambio del paradigma de “riqueza”, en un mundo donde el conocimiento sigue siendo un factor de poder estratégico global.

Julio Capanna

viernes, 17 de junio de 2011

Las “INVASIONES BÁRBARAS”

Los pueblos de esta zona nacieron hace casi un siglo y medio como apéndices del Imperio Británico. La red ferroviaria trazada en forma de telaraña y abanico, con su centro en los puertos de Buenos Aires, Rosario y Bahía Blanca, desde donde partían hacia Inglaterra los granos y las carnes que alimentarían luego a Europa, demuestran ese carácter apendicular. Evidencia de la influencia británica son casos como los de Bell Ville, Armstrong y Estación Clark (Carrizales), donde el nombre está ligado a empresarios británicos que recibieron tierras del gobierno nacional a la vera del Ferrocarril Central Argentino. Otros como Las Rosas, El Trébol y Los Cardos deben su bautismo a representaciones nobiliarias. Así pues, en origen surgieron estos pueblos como puntos de referencia para el acopio y traslado de materias primas hacia la metrópoli imperial.

Es la historia del Ferrocarril Argentino la historia de la dominación inglesa de nuestra economía. Su diseño y ejecución estuvo circunspecto al beneficio del capital británico aliado a la oligarquía nacional agroexportadora. Análisis históricos como los de Scalabrini Ortiz (Política Británica en el Río de la Plata -1936, Historia de los Ferrocarriles Argentinos -1940) entre otros, demuestran lo antedicho, denunciando además con rigurosidad el carácter colonial impuesto a nuestro país a partir de esta alianza que garantizaba la dependencia política y económica.

Alrededor de 1880, aniquilados los Pueblos Originarios tras la “Campaña del Desierto”, derrotados los últimos caudillos federales enemigos del centralismo porteño, y diezmada la población autóctona (criollos, mestizos y negros y mulatos descendientes de antiguos esclavos) en la “Guerra del Paraguay”, comienza el incentivo inmigratorio. Llegan a esta zona los primeros contingentes donde sobresalen en número italianos y españoles. Escapan de las guerras y de la crisis económica que sacude al viejo continente y que repercute con mayor fuerza en las poblaciones rurales. Masas campesinas con escaso conocimiento de las nuevas técnicas agrícolas desarrolladas en los países centrales a partir de la revolución industrial, analfabetos en su mayoría, vienen a “hacerse la América”, con el anhelo de “hacer fortuna” rápido, para regresar luego a sus patrias de origen. Son italianos quienes en mayor número se asientan en el campo. Los españoles van a estar ligados al comercio y los servicios en las ciudades más pobladas.

Así se desarrollan estos pueblos como “línea” fronteriza entre el antiguo país mestizo,  que concentra su población en las ciudades del centro y noroeste (Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba) y el país en expansión que desde los puertos de ultramar incorpora, con el caudal inmigratorio, territorios productivos para maximizar la explotación agrícola y ganadera. Es aquí donde ambas culturas –criolla y gringa- interactúan. Cedidas las tierras fiscales al colono europeo, es éste quien concentró los beneficios de la producción y quien impuso el carácter cultural a la región.

La raíz indo-hispánica, con una fuerte tradición histórica oral, fue sustituida de manera sistemática e intencional por una “enseñanza pública” con la que la clase político/económica dominante impuso su propia visión “liberal” de los acontecimientos; erigiendo nuevos próceres, condenando a otros al ostracismo y distorsionando sucesos históricos según su conveniencia. Ese aprendizaje falsificado, distorsionado y parcial fue fácil de introducir y su credibilidad estuvo asegurada gracias a que los hijos de los inmigrantes que asistían al colegio público no tenían lazos de continuidad histórica y sanguínea con la nueva patria. Persistirían por mucho tiempo –debido a la influencia idiomática del núcleo familiar-  las tradiciones y costumbres importadas desde sus países de origen.

Esa desvinculación con el devenir histórico de las culturas que coexistieron aquí con anterioridad al “aluvión inmigratorio” llega hasta el presente. No sabemos –salvo raras excepciones- absolutamente nada del pasado histórico de la región en la que vivimos; y lo que es más grave, somos educados en la creencia de que esa historia se inicia con nosotros, los habitantes más recientes de estos territorios. La revalorización de la cultura mestiza, más allá del “tradicionalismo”, debe abordarse fundamentalmente desde el ámbito educativo, ya que mucho del daño sufrido por aquella se debe a la utilización de la pedagogía como fórmula desvinculante.

Este es quizás el más grande desafío que deba afrontar en el presente una educación que se articule desde y con una base Nacional y Popular.

Julio Capanna

domingo, 12 de junio de 2011

Apuntes sobre la "Campaña del Desierto"

“Roca fue implementando la esclavitud en el frente, lo que aquella brillante Asamblea del año XIII había eliminado cuando declaró la libertad de vientres. En todos los diarios de Buenos Aires, en 1879, se pueden ver los avisos donde dice reparto de indios, recorran los diarios. Y La Nación del 21 de enero de 1879, un diario conservador, publicó esta crónica: ‘Llegan los indios prisioneros con sus familias a los cuales los trajeron caminando en su mayor parte o en carros, la desesperación, el llanto no cesa, se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano los hombres indios se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre indio se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización." (Osvaldo Bayer)

"Roca dejó el camino expedito para entregar las tierras a los nuevos propietarios, a los que ya había sido asignada antes de la operación militar mediante la suscripción de 4.000 bonos de 400 pesos, cada uno de los cuales dio derecho a 2.500 hectáreas. Un total de diez millones de hectáreas, en consecuencia, fueron vendidas por el Estado a comerciantes y estancieros bonaerenses en forma previa a la conquista de las tierras, no del "desierto", mientras que el excedente obtenido, en lotes de a 40.000 hectáreas cada uno, fue rematado en 1882 en Londres y París, dando lugar así a la aparición de los primeros terratenientes de esos orígenes en los campos argentinos.Y como aún quedó más y nadie pensó en los aborígenes, en 1885 se cancelaron con tierras las deudas acumuladas con los soldados desde 1878, ya que llevaban siete años sin cobrar, pero como tanto los oficiales como la milicia necesitaban efectivo, terminaron malvendiendo sus partes a los mismos que habían sido los financistas primitivos, de manera que toda esa superficie pasó a manos de 344 propietarios a un promedio de 31.596 hectáreas cada uno." (Apropiación de la tierra a los aborígenes y genocidios en el Río de la Plata), Fernando del Corro, periodista y docente de la UBA

"Es increíble la forma como se repartió la tierra después de la campaña del desierto, fíjense en el resultado que sacamos del Boletín de la Sociedad Rural Argentina fundada en 1868, fíjense que entre 1876 y 1903, en 27 años, se otorgaron 41.787.000 hectáreas a 1843 terratenientes, vinculados estrechamente por lazos económicos y familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período, principalmente a la familia Roca”. Los documentos que menciona dicen que “sesenta y siete propietarios pasaron a ser dueños de seis millones de hectáreas, entre ellos se destacaban veinticuatro de las familias llamadas patricias, que recibieron entre 200.000 hectáreas (la familia Luro) y 2.500.000 obtenidas por la familia Martínez de Hoz, bisabuelo del que iba a ser ministro de economía de la dictadura militar" (Osvaldo Bayer)

El Informe Oficial de la Comisión Científica que acompañó al Ejército Argentino es considerablemente específico respecto de los resultados de la guerra:
El año 1879 tendrá en los anales de la República Argentina una importancia mucho más considerable que la que le han atribuido los contemporáneos. Ha visto realizarse un acontecimiento cuyas consecuencias sobre la historia nacional obligan más la gratitud de las generaciones venideras que la de la presente, y cuyo alcance, desconocido hoy, por transitorias cuestiones de personas y de partido, necesita, para revelarse en toda su magnitud, la imparcial perspectiva del porvenir. Ese acontecimiento es la supresión de los indios ladrones que ocupaban el Sur de nuestro territorio y asolaban sus distritos fronterizos: es la campaña llevada a cabo con acierto y energía, que ha dado por resultado la ocupación de la línea del Río Negro y del Neuquén.
Se trataba de conquistar un área de 15.000 leguas cuadradas ocupadas cuando menos por unas 15.000 almas, pues pasa de 14.000 el número de muertos y prisioneros que ha reportado la campaña. Se trataba de conquistarlas en el sentido más lato de la expresión. No era cuestión de recorrerlas y de dominar con gran aparato, pero transitoriamente, como lo había hecho la expedición del Gral. Pacheco al Neuquén, el espacio que pisaban los cascos de los caballos del ejército y el círculo donde alcanzaban las balas de sus fusiles. Era necesario conquistar real y eficazmente esas 15.000 leguas, limpiarlas de indios de un modo tan absoluto, tan incuestionable, que la más asustadiza de las asustadizas cosas del mundo, el capital destinado a vivificar las empresas de ganadería y agricultura, tuviera él mismo que tributar homenaje a la evidencia, que no experimentase recelo en lanzarse sobre las huellas del ejército expedicionario y sellar la toma de posesión por el hombre civilizado de tan dilatadas comarcas.
Y eran tan eficaces los nuevos principios de guerra fronteriza que habían dictado estas medidas, que hemos asistido a un espectáculo inesperado. Esas maniobras preliminares, que no eran sino la preparación de la campaña, fueron en el acto decisivas. Quebraron el poder de los indios de un modo tan completo, que la expedición al Río Negro se encontró casi hecha antes de ser principiada. No hubo una sola de esas columnas de exploración que no volviese con una tribu entera prisionera, y cuando llegó el momento señalado para el golpe final, no existían en toda la pampa central sino grupos de fugitivos sin cohesión y sin jefes.
Es evidente que en una gran parte de las llanuras recién abiertas al trabajo humano, la naturaleza no lo ha hecho todo, y que el arte y la ciencia deben intervenir en su cultivo, como han tenido parte en su conquista. Pero se debe considerar, por una parte, que los esfuerzos que habría que hacer para transformar estos campos en valiosos elementos de riqueza y de progreso, no están fuera de proporción con las aspiraciones de una raza joven y emprendedora; por otra parte, que la superioridad intelectual, la actividad y la ilustración, que ensanchan los horizontes del porvenir y hacen brotar nuevas fuentes de producción para la humanidad, son los mejores títulos para el dominio de las tierras nuevas. Precisamente al amparo de estos principios, se han quitado éstas a la raza estéril que las ocupaba.

martes, 7 de junio de 2011

Mariano Moreno y la "prensa independiente”

De la época en que las ideas se defendían con la pluma, la palabra -y la espada- viene Moreno a plantearnos que hablar de “prensa independiente” es casi como hablar de “inteligencia militar”.

El criollo Moreno -mayor de catorce hermanos- estudió leyes, latín, lógica y filosofía. Cuando en 1810 se constituye la Primera Junta, es nombrado secretario, teniendo además bajo su cargo el Departamento de Gobierno, de Guerra y Relaciones Exteriores. Al mismo tiempo funda la Biblioteca Pública, establece una academia de instrucción militar y de matemáticas para oficiales, crea una fábrica de armas, decreta la rehabilitación de los puertos de Ensenada de Barragán y de Patagones y dicta la providencia para el arreglo de los caminos y el adelanto de las poblaciones del interior. Redacta, entre mate y mate, LA GACETA de BUENOS AIRES, periódico que nace con el nuevo régimen. Cuenta el muchacho por entonces con 33 años.

El texto fundacional de La Gaceta dice en alguno de sus párrafos: “Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal…que anuncie al público las noticias exteriores e interiores que deban mirarse con algún interés. La utilidad de los discursos de hombres ilustrados y que sostengan y dirijan el patriotismo y fidelidad, que tan heroicamente se ha desplegado, nunca es mayor que cuando el choque de las opiniones pudiera envolver en tinieblas aquellos principios. El pueblo recibirá esta medida como una demostración sincera del aprecio que hace la Junta de su confianza; y de que no anima otro espíritu sus providencias que el deseo de asegurar la felicidad de estas provincias”.

Seguramente en la actualidad LA GACETA sería vista por el establishment como un órgano más del “oficialismo” que con falacias varias pretende instaurar en la población ideas populistas (conste que faltaban aun casi 200 años para que programas como 6,7,8 fuesen los depositarios de dicho adjetivo).

El acto fundacional de La Gaceta (7 de junio de 1810) sirve para que desde 1938 se lo considere a este como el “Día del Periodista”.

En un país como el nuestro que ha hecho culto de la mitología liberal, llama la atención que se eligiese la fecha fundacional antedicha a la de –por ejemplo- el diario que creara el presidente Bartolomé Mitre, periódico que, con histórico predicamento liberal, llega hasta nuestra actualidad. Tal vez en aquel momento de decidirse la fecha de celebración, el “lobby” de éste no contase con aliados lo suficientemente poderosos, ya que en aquellos oscuros tiempos de la “Década Infame” aun no existía el antidemocrático y golpista oligopolio empresarial SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), y faltaban todavía algunos años para que apareciera en el mercado el periódico de Roberto Noble.

¿Qué diría en la actualidad el jacobino Mariano Moreno ante la pregunta de si se consideraría un “periodista independiente”? Seguramente su respuesta no estaría acotada por el condicionamiento que en la actualidad encuentran muchos periodista que amurallados detrás de una fachada “independiente”, pretenden ocultar el trabajo de sus laboriosas plumas –y cuerdas vocales- en la defensa de los intereses privados con los que comulgan y a los que se someten.

Aquí, allá y en todas partes.

Julio Capanna

sábado, 4 de junio de 2011

¡A otro perro con ese hueso Sr. Lisfchitz!

Lisfchitz dijo que este escenario "ratifica lo que muchos pensábamos desde hace tiempo, la necesidad de que Hermes Binner sea candidato a Presidente, y que pueda encarnar y representar un proyecto verdaderamente progresista, democrático, y de futuro para la Argentina; con muchos sectores, incluso de la UCR.

Ante lo dicho en su pretensión electoralista de convencernos de que "Binner encarna y representa un proyecto verdaderamente progresista, democrático, y de futuro para la Argentina, surge inmediatamente y casi por decantación el siguiente planteo:

¿Y el 65% de argentinos que adherimos al modelo que encarna CRISTINA FERNÁNDEZ qué estamos apoyando?¿El antiprogresismo, el fascismo, el regreso al pasado? ¿Estamos tan equivocados?¿No nos dimos cuenta de que Binner, desde su "progresismo" provinciano será el superador, entre otras cosas, de la LEY DE MEDIOS, LA ASIGNACIÓN UNIVERSAL POR HIJO, ASIGNACIÓN POR EMBARAZO, ESTATIZACIÓN DEL SISTEMA PREVISIONAL, LEY DE MATRIMONIO IGUALITARIO, RE-ESTATIZACIÓN DE AEROLÍNEAS, YACYRETÁ, AUTOPISTA ROSARIO-CÓRDOBA, JUICIOS POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD, REFINANCIACIÓN DE LA DEUDA EXTERNA, INCENTIVO A LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA, PROTECCIÓN DE LA INDUSTRIA NACIONAL, y varios otros hitos en la história de nuestro país que hoy podemos disfrutar gracias a las políticas de desde 2003 llevaron adelante NÉSTOR Y CRISTINA?

Para estos referentes del "progresismo" que alardean del título por el mero hecho de mostrar su carnet del PS (como si esto ocultaría una historia que los encontró subidos al caballo del amo y nunca a pata con el pueblo) vale este adagio popular que condensa nuestro fascista, antiprogresista y retrogado pensar:

¡A OTRO PERRO CON ESE HUESO!

Julio Capanna

jueves, 2 de junio de 2011

Coloniaje Pedagógico

 

“Hay mucha gente que no entiende la necesidad del revisionismo, porque no comprende que la falsificación de la historia es una “política de la historia” destinada a privarnos de experiencia, que es la sabiduría madre” (Arturo Jauretche)

El aprendizaje histórico está influido por la ideología de la clase social que ejerce la hegemonía económico/cultural del país en un momento histórico determinado. No existe una “Historia” aséptica e imparcial. Todo está impregnado por esa “superestructura” que determina lo que “hay que enseñar” y lo que “hay que aprender”.

De prejuicios están hechos muchos de nuestros textos de estudio. Omisiones premeditadas y sesgadas crónicas elitistas encuentran en el ambiente pedagógico y académico a los más acérrimos defensores de una continuidad temporal falsificada y luego reinventada con el fin de sostener dichos prejuicios. Falacias varias que atraviesan los textos con los que se educa sin un espíritu crítico necesario y fundamental para la consolidación de una Conciencia Nacional.
El conocimiento de la historia foránea por sobre la profundización del análisis de los acontecimientos propios evidencia las contradicciones que afectan a nuestra pedagogía. Si se suma a ello la ausencia de textos históricos de índole local y regional, se potencia aun más la desvinculación del alumno con una realidad inmediata que genere un vínculo de pertenencia.
Este vínculo es la resultante –entre otras cosas- del conocimiento y asimilación de las peculiaridades que nos caracterizan como pueblo –argentinos- en un contexto más amplio y también inclusivo –latinoamericanos-.
Frases hechas tales como la sarmentina “civilización y barbarie” y la más contemporánea “los argentinos descendemos de los barcos” muestran el carácter anti-latinoamericanista impulsado por el liberalismo de mediados del siglo XIX encarnado en la burguesía porteña ligada al capital inglés en alianza con la clase terrateniente dueña del mercado de exportación de carnes y cueros. Esto influyó luego en el prejuicio del inmigrante de la Europa mediterránea (italianos en su mayoría) hacia las culturas mestizas indo-hispánicas que habitaban antes de su llegada los territorios de nuestro país. De allí al posterior desprecio clasista hacia las masas que incorporó a la vida política el Irigoyenismo , y al movimiento obrero que encontró su cause histórico en el Peronismo, existe todo un hilo de continuidad muy difícil de rastrear en la bibliografía educativa oficial.
Rara vez nos encontraremos con análisis surgidos de referentes del “Pensamiento Nacional (Scalabrini Ortiz, Jauretche, J. M. Rosa, H. Arregui) en los textos escolares. Se tiende, además, a esmerilar los sucesos dejándolos desprovistos de las aristas que los caracterizan como expresiones salientes de los conflictos sociales que atraviesan la historia argentina.
En estos últimos años se incorporaron temas de estudio tales como Derechos Humanos, Derechos de los Pueblos Originarios, sobre gobiernos democráticos y dictaduras militares. Así y todo, la pedagogía sigue sin asumir el análisis profundo –despojado de todo prejuicio elitista- de los Movimientos Populares y sus expresiones políticas; manifestaciones éstas que modificaron el curso histórico de nuestro país desde sus orígenes y muy en especial en el siglo XX.
El tedio con el que los alumnos suelen abordar el estudio histórico es, en última instancia, funcional a una estructura que consigue desde el desconocimiento, desvincularnos del pasado, con consecuencias graves en el presente.

Julio Capanna

sábado, 21 de mayo de 2011

Bloque hegemónico - Antonio Gramsci

El poder de las clases dominantes sobre el proletariado y todas las clases sometidas en el modo de producción capitalista, no está dado simplemente por el control de los aparatos represivos del Estado, pues si así lo fuera dicho poder sería relativamente fácil de derrocar (bastaría oponerle una fuerza armada equivalente o superior que trabajara para el proletariado); dicho poder está dado fundamentalmente por la "hegemonía" cultural que las clases dominantes logran ejercer sobre las clases sometidas, a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación. A través de estos medios, las clases dominantes "educan" a los dominados para que estos vivan su sometimiento y la supremacía de las primeras como algo natural y conveniente, inhibiendo así su potencialidad revolucionaria. Así, por ejemplo, en nombre de la "nación" o de la "patria", las clases dominantes generan en el pueblo el sentimiento de identidad con aquellas, de unión sagrada con los explotadores, en contra de un enemigo exterior y en favor de un supuesto "destino nacional". Se conforma así un "bloque hegemónico" que amalgama a todas las clases sociales en torno a un proyecto burgués.

La hegemonía es, por lo tanto, el ejercicio de las funciones de dirección intelectual y moral unida a aquella del dominio del poder político. El problema para Gramsci está en comprender cómo puede el proletariado o en general una clase dominada, subalterna, volverse clase dirigente y ejercitar el poder político, o convertirse en una clase hegemónica.

La crisis de la hegemonía se manifiesta cuando, aunque manteniendo el propio dominio, las clases sociales políticamente dominantes no logran más ser dirigentes de todas las clases sociales, o sea no logran resolver los problemas de toda la colectividad e imponer a toda la sociedad la propia compleja concepción del mundo. La clase social subalterna si logra indicar concretas soluciones a los problemas dejados irresueltos se vuelve dirigente e, incrementando su propia cosmovisión también a otros estratos sociales, crea un nuevo bloque social, volviéndose hegemónico. El momento revolucionario aparece inicialmente, según Gramsci, a nivel de superestructura, en sentido marxista, es decir, político, cultural, ideal, moral, pero traspasa a la sociedad en su complejidad, embistiendo hasta su estructura económica, o sea embistiendo a todo el bloque histórico, término que para Gramsci indica el conglomerado de la estructura y de la superestructura, las relaciones sociales de producción y sus reflejos ideológicos.

miércoles, 11 de mayo de 2011

- Desafíos del pensamiento nacanpop -

  "La intelectualidad argentina siempre ha tenido dificultades para elaborar un pensamiento que proyecte en términos reales los destinos de la Nación. Por alguna razón ha decidido refugiarse en la crítica más que en la planificación.

Por Hernán Brienza
Después de tanta alharaca con Mario Vargas Llosa y su inauguración sin sal y desteñida de la Feria del Libro, el fenómeno literario de este año fue, en realidad, la presentación a sala reventada del Manual de Zonceras escrito por el jefe de Gabinete Aníbal Fernández. El jueves a la noche, varios centenares de personas se reunieron en la sala José Hernández y en los pasillos para escuchar las “Anibaladas” –esa mezcla de verdades brutales cruzadas con metáforas gauchipopulares– del bigote decimonónico.

Luego de su discurso, la Rural se vio invadida de pronto por un aluvión de muchachos y muchachas que, entonando la marcha peronista, como si estuvieran en una cancha de fútbol y no en un templo de la cultura, acompañaron al ministro al stand donde firmó libros durante casi tres horas. Se trata, sin duda, de un hecho novedoso. Es la primera vez en años de democracia que los integrantes de un gobierno –después de casi ocho años de un mismo proceso político– son visualizados por una buena parte de la sociedad como sus legítimos representantes, es más, diría como verdaderos ídolos populares, como rockstars, como dicen muchos. Un fenómeno extraño que debe ser leído atentamente por la oposición y dar respuestas un poco menos irrespetuosas porque no se trata de un armado de Fuerza Bruta sino que es una genuina manifestación de identificación entre líderes, militantes y gran parte del pueblo.

El libro de Aníbal Fernández remite directamente al célebre Manual de Zonceras Argentinas escrito por Arturo Jauretche en la década de 1960 y que es un buen compendio de falacias sociológicas, económicas, históricas por parte de la “inteligentzia colonialista” en un estilo que recuerda a la gauchipolítica del Padre Francisco Paula de Castañeda, entre otros. Jauretche, como se sabe, es junto a Raúl Scalabrini Ortiz y Juan José Hernández Arregui uno de los tres mosqueteros del pensamiento nacional. Más allá del merecido homenaje del jefe de Gabinete al autor del imprescindible libro El medio pelo en la sociedad argentina, la apelación a Jauretche desnuda una ausencia importante del movimiento nacional y popular en la generación, producción y transmisión de nuevas reformulaciones del pensamiento de esta tradición histórica.

En el cuadro sinóptico del pensamiento nacional encontramos los trabajos de Ricardo Rojas, Manuel Gálvez, Leopoldo Lugones como fundadores del nacionalismo radical republicano, el folklórico y el oligárquico. El peronismo procesó esas tradiciones y enunció el pensamiento nacional y popular como síntesis de una forma de interpretación de la historia y de aquel presente. Durante los años sesenta y setenta se produjo el último pliegue del nacionalismo popular que fue su condición de “revolucionario” al intercalar la luchas de clases, el gramscismo, el foquismo o los preceptos de la Cuarta Internacional en la tradición criolla.

(Digresión: Si uno lee los trabajos de los pensadores nacionales del peronismo podrá obtener una perspectiva histórica de la importancia de la batalla cultural que desde hace varias décadas lleva adelante el movimiento nacional y popular contra los análisis atravesados por la “colonización ideológica” que produce un pensamiento alienado –tilingo y malinchista–; pero, al mismo tiempo, reconocerá, por ejemplo, la condición periférica del debate con el Grupo Clarín, que no es más que el vocero en esta coyuntura histórica de los poderes concentrados en la Argentina, como lo fueron en aquellos años La Nación y La Prensa. Es decir, recurriendo a la tradición de la línea nacional del pensamiento, uno podrá descubrir cuáles son las rupturas y cuáles las continuidades de la “guerra cultural prolongada” que llevamos adelante los argentinos y se pueden reconocer los distintos actores en los diferentes nudos de sutura que tiene la historia.)

La democracia no ha discutido la Nación en términos simbólicos y políticos –o quizás en algún punto haya intentado reeditar el nacionalismo constitucionalista y liberal de la organización mitrista– y es allí donde el pensamiento nacional y popular no ha logrado hacer pie en el debate cultural hasta bien entrada la primera década de este siglo. Y eso ha constituido una falencia importante para el proyecto hegemónico del movimiento nacional y popular liderado en esta instancia por el kirchnerismo. En estos años, no han surgido intelectuales orgánicos que pudieran reelaborar, reinterpretar, reformular, sistematizar, siquiera, los preceptos de la tradición nacanpop del siglo XX. Desgraciadamente, o no, la teoría ha estado detrás de la práctica política.

La intelectualidad argentina siempre ha tenido dificultades para elaborar un pensamiento que proyecte en términos reales los destinos de la Nación. Por alguna razón –posiblemente estética y yoica– ha decidido refugiarse en la crítica más que en la planificación. Una respuesta posible puede ser que los medios de comunicación prefieren estimular la confrontación más que la construcción, pero lo cierto es que el intelectual es configurado como la “reserva moral” encerrado en la torre de cristal desde donde pontifica los errores abyectos de los políticos. A lo sumo ha sido agónico y combativo detrás de barricadas ideológicas o ha ofrecido sus servicios como técnico, pero casi nunca se ha puesto a construir y proyectar: ha relegado ese papel para los políticos.

¿Cuáles son las deudas del pensamiento nacional hoy? Reflexionar en colectivo sobre las formas que adquiere la batalla cultural, claro, y reformular los parámetros de la batalla en clave progresista y democrática. Pero, también, establecer una nueva teoría del Estado –nacional, provincial, municipal–, es decir, ¿qué significa gobernar una intendencia en clave nacanpop?; pensar sin eslóganes bien pensantes las formas posibles de integración latinoamericana; delinear la forma de capitalismo –al menos, en este momento histórico– que menos perjudica a las mayorías argentinas; cómo se inserta nuestro país es el esquema productivo continental e internacional; qué sistema de gobierno conviene a la representación y participación de las mayorías; cómo se consolidó y se profundiza la hegemonía cultural no sólo a través de los aparatos comunicacionales sino también en el mano a mano cotidiano de las relaciones interpersonales. Obviamente, es apenas un puñado de cosas a pensar, la lista es interminable, pero demuestra algunos de los desafíos que tiene por delante esta tradición. Quizás, el reto más importante de los intelectuales es el de recuperar el sentido estratégico para pensar la Nación.

Por lo demás, la visita de la SIP a la Argentina ha sido un papelón que sólo sirvió para desnudar que vino a defender los intereses de los dueños de los medios de comunicación y, en particular, los del Grupo Clarín.

viernes, 29 de abril de 2011

- Política económica para países dependientes -

“Esto sólo puede explicarse por una mentalidad de sometimiento, por una docilidad doméstica, que prefiere la dependencia a la realización en el plano económico y social de un país políticamente soberano, económicamente libre y socialmente justo.” (Arturo Jauretche – Ejército y Política)
 El liberalismo económico instrumentado por los países centrales sirve como estrategia global para controlar y dirigir las economías de los países dependientes. La incidencia y dominación económica trae aparejada la necesaria correlación en lo político, donde juega un papel fundamental para ello la alianza de las clases dominantes con el capital trasnacional.

Este liberalismo que exportan al resto del mundo, se contradice con el proteccionismo con el que defienden y articulan sus propias economías. Es la conocida fórmula del “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”, que utilizan para vendernos las bondades de un liberalismo de “puertas hacia fuera”, y asegurarse así mercados cautivos para sus productos.

Históricamente desastrosas para naciones dependientes como la nuestra, estas políticas atentan deliberadamente contra el desarrollo de la industria nacional. Una de las consecuencias más negativas es que el libre mercado abre las puertas a la importación de productos manufacturados a bajo precio, con la resultante de la imposibilidad de nuestra industria de competir técnicamente y por costos de producción con productos elaborados en países con tecnología superior y mano de obra barata y/o sub-calificada.

En Latinoamérica las políticas económicas liberales fueron sustentadas desde lo político por dictaduras militares. El carácter anti-popular de sus medidas y efectos requirió para su imposición de un Estado autoritario, antidemocrático y represivo.

El neoliberalismo de los ´80 y ´90 prescindió de los militares para ejercer el dominio geo-político. Sus herramientas fueron la presión mediática, los golpes de mercado y el nuevo ordenamiento mundial con hegemonía unilateral norteamericana.

La experiencia demuestra que países como el nuestro necesitan aplicar políticas económicas articuladas por un Estado eficiente, con incidencia en las reglas del mercado, facilitador de las condiciones óptimas para el surgimiento, desarrollo y afianzamiento de una capacidad industrial propia, competitiva tanto en el mercado interno como en el externo, estratégicamente ligada al potencial de cada región, garantía de la absorción de una mano de obra fundamental para echar a girar la rueda del consumo interno disparador en buena medida del crecimiento económico.

Todo ello ligado a la participación estatal en los sectores energéticos y de los insumos básicos estratégicos para el desarrollo productivo.

Julio Capanna

sábado, 16 de abril de 2011

El país del realismo Nacional y Popular

Las sociedades actuales se caracterizan por la existencia de fuerzas en continua tensión. La lucha de clases no es un “suceso del pasado”. Es parte intrínseca, lógica y vital de toda sociedad en proceso de transformación. La negación o supresión de estas tensiones caracteriza al sistema político denominado FASCISMO.

En palabras de Javier Azzali: “La lucha de clases se expresa en la disyuntiva entre un país elitista bajo el dominio de las oligarquías y dependiente, o un país soberano con participación popular. De 1955 en adelante todo el país fue puesto al revés, menos la clase obrera que resistió la desnacionalización de la economía. La historia se repite mientras no se supere nuestra condición de país con fuertes oligarquías. El odio hacia Cristina Fernández es de contenido clasista, es el desprecio a los trabajadores y temor a su capacidad transformadora. La elección de Cristina Fernández como Presidenta, en 2007, fue con el lema de profundizar el modelo con redistribución de la riqueza; es el reconocimiento expreso de la lucha de clases y de una toma de posición a favor de los trabajadores.”

Es en ese contexto que los pueblos construyen su devenir histórico. Cuestiones ligadas al “destino de grandeza” forman parte de proclamas clasistas y/o abstracciones metafísicas.

Cito nuevamente a Azzali: “El kirchnerismo significó el regreso de la lucha de clases: la vuelta de las convenciones colectivas de trabajo, las paritarias, el salario mínimo vital y móvil, el aumento del poder adquisitivo y, en especial, la creación de cinco millones de empleos y el mayor índice porcentual de empleo registrado de toda la historia, son muestras claras de ello. Pero además, hay que sumarle esa capacidad de movilización del movimiento obrero y su vocación por intervenir en política, ya no desde la defensa de intereses meramente corporativos y burocráticos (como en los ´90), sino para ser la base social del proyecto nacional que lidera la Presidenta.”

En esto reside la diferencia fundamental entre la visión de una “paz” idílica desprovista de conflictos sociales, y la dinámica de una democracia consolidada donde existen fuerzas sociales en pugna e instituciones sólidas con un concepto claro del rol legislativo y ejecutivo del Estado.

Para terminar y volviendo a Azzali: “El prejuicio es antihistórico, ya que la democracia fue siempre un valor para la clase trabajadora, como modo de intervenir en la lucha de clases. En el ´45 lo fue con una política de mayor participación de los sectores populares, y después del ´55 lo fue con el reclamo concreto contra la proscripción. Y también después del ´76, con la lucha contra la dictadura y luego el neoliberalismo de los ´90. El sindicalismo es así una institución esencial para la democracia real y no aristocrática. El modelo de acumulación con matriz productiva diversificada e inclusión social con soberanía nacional, requiere de una amplísima base social que contenga a todos los sectores con interés económico en el mercado interno y vocación nacional, lo que re-actualiza a su modo el frente nacional de liberación como forma específica de darse la lucha de clases en los países dependientes como el nuestro.

Así pues, el merecimiento que algunos invocan es una cuestión teológica que nada tiene que ver con el devenir histórico. Aplicado a individuos insertos en sociedades policlasistas otorga a lo azaroso una categorización desvinculante con una realidad compleja y multifacética.

Somos el resultado del encadenamiento de hechos concretos y no la resultante de los designios de deidades más o menos benignas.

Julio Capanna

miércoles, 30 de marzo de 2011

“DEL SEL” Y LA NADA

Cuando se elige votar a un personaje mediático se lo hace desde la certeza de su desconocimiento del universo político. No pretende ser éste un análisis sobre el sufragio en sí, que es un derecho individual fundamental del sistema democrático. Lo que valida una reflexión es esa identificación de algún sector del electorado con referentes del espectáculo que no tienen en su currícula mayores méritos que los que le otorga la exposición mediática y su mayor o menor talento actoral o empresarial.

El efecto identificatorio con estos personajes se profundiza en momentos históricos en que las instituciones políticas y sus representantes aparecen desprestigiados y con una credibilidad exigua en la sociedad. Gobiernos débiles, carentes de liderazgo social y económico, sumisos ante los intereses corporativos y de las finanzas internacionales, terminan instalando en parte de la sociedad la idea de la nulidad del hacer político para encontrar soluciones reales a los desafíos del país.

Lejos de ser esta transferencia de representatividad una consecuencia fortuita sobre un hecho concreto, existe toda una superestructura mediático/económica que genera, desde el constante y premeditado ataque a las instituciones del Estado y sus representantes elegidos por voluntad popular, las condiciones necesarias para que la sociedad busque referenciarse en individuos sin atributos que acrediten valoración alguna en el acontecer público.

La búsqueda partidaria de captación de figuras mediáticas es inherente a la necesidad de reemplazar cuadros políticos desprestigiados y/o producir sucesos aglutinantes efectistas carentes de profundidad ideológica. Superficialidad en sintonía con los valores que estos partidos políticos y los grupos concentrados de poder a los que representan pretenden instalar en la escena política para mantener al país en un “limbo” de constitucionalidad reducida al mínimo, que garantice un Estado débil y funcional a quienes, detrás del decorado, digitan los destinos de la Nación.

Estas “figuras” vienen también a llenar un vacío de representatividad y liderazgo. Se las utiliza como nexo de identificación mediata ante la imposibilidad de mostrarlos como individuos capacitados para las tareas a las que deberán acceder en la vida pública. Se incentiva el vínculo de afecto o simpatía por sobre la exposición de sus méritos y capacidades que lo habiliten para las funciones que hacen al bien común.

En el presente, la falta de consenso social para con estás “fórmulas exitistas” o “políticos de ocasión” promocionados por el establishment, marca el contrapunto con el fenómeno de los nuevos cuadros de la militancia que están surgiendo en el escenario político. En estas realidades tan disímiles y encontradas reside una evidencia innegable de las fuerzas en pugna que hoy atraviesan todos los estamentos de la sociedad argentina, y del porqué de la identificación mayoritaria con estos últimos que se expresa en su seno.

Alentar y acompañar el crecimiento y fortalecimiento de esta usina de dirigentes con base ideológica nacional y popular puede no deslumbrarnos con los destellos fatuos de las marquesinas mediáticas, pero cimienta el camino que el país necesita transitar para su soberanía.

Julio Capanna

martes, 29 de marzo de 2011

El terrorismo económico que alumbró el terrorismo de Estado

Hay dos libros reveladores sobre la lógica que dominó la política económica de la dictadura militar que se inició en 1976. Se trata de "La política económica de Martínez de Hoz", de Jorge Schvarzer, y "Todo lo que usted quiso saber sobre la deuda externa y siempre se lo ocultaron" de Alejandro Olmos. En este último caso, la obra se colectivizó de tal manera que aparece -como su natural continuidad y culminación- la publicación del fallo judicial que establece los delitos cometidos en la contratación del endeudamiento externo durante el Proceso y la culpabilidad del ex ministro de Economía.

Una sentencia inaplicable por prescripción, pero de un valor político único, a la que se llegó por el trabajo arqueológico de un periodista y militante que desde los archivos, los gabinetes, los pasillos de los fríos edificios públicos y la persistencia, soledad y laboriosidad que requieren esas empresas meticulosas, reconstruyó durante más de 20 años el capítulo más intrincado de la política económica del régimen.

Histórico militante de las causas populares, Olmos era, como recordó Norberto Galasso, de "aquellos que estaban en todos los barullos pero nunca en la lista de cobranzas". Su investigación y sucesivas presentaciones judiciales desde 1982 sobre el proceso por el cual en siete años la deuda externa pasó de casi no existir a sumar más de 30 mil millones de dólares, reveló el mecanismo de relojería con el que se fabricó ese pasivo: coimas, autopréstamos, socialización de deudas privadas, contabilidades paralelas, endeudamiento vil e innecesario de empresas públicas, destinos inciertos de los fondos, funcionarios hermanados con banqueros y una concepción de política económica que, lejos de su pretensión  de asepsia teórica, fue calificada judicialmente como criminal.

LA DEUDA. Además de un fenomenal negocio privado, el brutal proceso de endeudamiento público fue parte de la construcción de un nuevo orden estructural en lo económico. Un monstruo invocado para encabezar una restauración inédita en la historia argentina. Aceite del ciclo de valorización del capital financiero que inició el golpe de Estado, fue, sobre todo, fuente de poder de una nueva clase de conducción que se autoasignó la tarea de llevar adelante a sangre y fuego un feroz experimento de reingeniería económica y social.

Si bien el libro de Schvarzer se publicó en 1986, fue en realidad el fruto de una serie de estudios realizados durante la dictadura. Desde su exilio interno y la marginalidad académica, el economista fallecido en 2008 logró algo poco común: visualizar claramente el despliegue de un proceso económico de altísima complejidad, en forma contemporánea a su desarrollo.

En esos momentos no estaba tan claro que la política económica de la dictadura militar no era la cíclica intervención de las fuerzas armadas para arbitrar en las disputas entre las distintas facciones de la burguesía y mantener a raya al movimiento obrero, sino que era una ofensiva terminal destinada a cambiar las bases económicas de la "Argentina peronista".

Desde la reforma financiera hasta las políticas de relocalización de industrias, desde el endeudamiento externo hasta la tablita cambiaria, el programa de Martínez de Hoz tuvo un objetivo profundo: invertir drásticamente los términos de la puja de ingresos en Argentina, desindustrializando, desactivando la capacidad de acción del movimiento obrero como clase, destruyendo meticulosamente las tramas de representación política y económica construídas durante más de medio siglo, acotando los mecanismos de movilidad social que metían presión al sistema político y disciplinando a los agentes económicos a una lógica orientada por el capital financiero.

Schvarzer también puso en blanco sobre negro que la élite operativa de este plan de reingeniería se contruyó como una tecnocracia asimilada al capital concentrado y centralizado, que superara incluso al partido militar como factor de poder.

SUPERMINISTROS. Describió tempranamente cómo las decisiones del equipo que encabezaba Martínez de Hoz se orientaban, incluso con medidas que ponían en riesgo la propia sustentabilidad del plan económico, a crear un "mercado" falsamente desregulado cuyos desequilibrios sólo pudieran ser conjurados por la "confianza" en su conductor.

El ex ministro no sobrevivió a su propio programa, pero la extraña fascinación por los superministros de Economía, los gurúes y los oráculos financieros, acompañó la etapa democrática de la restauración conservadora hasta el estallido de 2001.

MEMORIA. En tiempos en que los actos por el aniversario del golpe militar se convierten año a año en demostraciones multitudinarias de repudio, y en el desfile esperanzador de nuevas generaciones de militantes; cuando los derechos humanos forman parte de una agenda que ni el más desprevenido de los dirigentes políticos puede ignorar; convocar la obra de dos viejos intelectuales y militantes, que con claridad y oportunidad contribuyeron a descubrir los fundamentos de un proceso feroz y aterrador, conlleva una modesta apuesta a reivindicar, en el plano de la memoria, la eterna alianza entre pensamiento y acción.

Artículo extraído de La Capital (27 de marzo de 2011)

lunes, 28 de marzo de 2011

"TAPA EN BLANCO"



EL QUIEBRE INSTITUCIONAL NO MERECIÓ PARA EL "GRAN DIARIO ARGENTINO" UNA TAPA EN BLANCO. "SU LIBERTAD DE PRENSA" ESTABA GARANTIZADA POR LA CONNIVENCIA CON LA DICTADURA MÁS ABYECTA QUE HAYA SUFRIDO EL PUEBLO ARGENTINO.

viernes, 25 de marzo de 2011

¿Era mestizo San Martín?

"El historiador liberal José Ignacio García Hamilton lanza, en su libro "Don José, la vida de San Martín"(2000), una noticia bomba: según investigaciones que , por diversos caminos, han hecho el mismo Hamilton, el historiador Hugo Chumbitas y el genealogista Herrera Vegas, el Gran Capitán no sería hijo de Gregoria Matorras y Juan de San Martín, sino de la india Rosa Guarú y del español Diego de Alvear. Hasta ese momento, Rosa Guarú -o Juana Crisaldo, cuando castellanizaron su nombre- había aparecido como el ama de cría de José, a la cual Gregoria Matorras y Juan de San Martín, padres del niño, habían confiado el amamantamiento y cuidado del pequeño. Ahora toma estado público una versión incorporada a la tradición familiar de los Alvear e inclusive registrada por Joaquina de Alvear Quintanilla y Arrotea, hija del general Carlos María de Alvear, en un libro de memorias, del año 1877: "...fue hijo natural de mi abuelo, el señor Diego de Alvear y Ponce de León, habido de una indígena correntina, el general José de San Martín".

No existiendo fe de bautismo de José, aparece como posible que don Diego hubiera entregado su hijo a la familia San Martín, evitando el escándalo de reconocerlo como propio. Así se habría incorporado a esa familia, mientras la india guaraní Rosa Guarú, madre biológica, lo habría amamantado y le habría cantado dulces canciones litoraleñas.

Chumbitas y Herrera Vegas solicitaron al Senado de la Nación que se efectúe un ADN sobre los restos de San Martín y de Diego de Alvear para probar su parentesco, pedido que fue denegado pues los senadores entienden que no puede perturbarse el sueño eterno del héroe.

Así es como, con referencia a esta cuestión, sólo pueden aportarse hipótesis o aproximaciones, pues la verdad definitiva sólo podría obtenerse por el estudio de ADN, que has sido negado por el Senado de la Nación. Existen, en cambio, referencias, comentarios y opiniones que la tornan posible. Mitre señala que el Libertador era de "tez morena", aunque agrega "tostada por la intemperie", siendo evidente que Belgrano y Rosas, que estuvieron tanto al sol como San Martín, eran de piel blanca. Los cabellos negros y lacios de San Martín también podrían indicar una ascendencia indígena, así como los ojos negros y el físico corpulento.

Cuando se aborda esta tesis, no deja de sorprender que la gente de su época, lo identificase habitualmente como "Indio". Los godos lo calificaban de "indio misionero", el general francés Brayer lo tildaba de "tape de Yapeyú", para otros era "el cholo de Misiones" y la oligarquía chilena creía desprestigiarlo al calificarlo como "el paraguayo". Entre sus biógrafos, Ricardo Rojas afirma: "Tenía la tez morena, por lo que algunos envidiosos motejábanlo de indio".

A su vez, Alberdi recuerda: "Yo le creía un indio, como tantas veces me lo habían pintado y no es más que un hombre de color moreno, de los temperamentos biliosos". El general Miller lo pinta así: "Alto, grueso, rostro interesante, moreno y ojos negros, rasgados y penetrantes". El mismo Rojas, en otra parte de su libro, ratifica: "Aquel a quien llamaron indio por su color moreno y por haber nacido entre los indios de Yapeyú, el que al iniciar su carrera en 1812, pidió que le trajeran a Buenos Aires, trescientos mozos guaraníes de las Misiones nativa para formar su primer plantel de ganaderos...ese mismo, en 1816, al parlamentar con los araucanos en Cuyo, dijo a varios caciques, justificando su guerra de reivindicación contra los conquistadores: "porque yo también soy indio".

Texto perteneciente al libro "San Martín o Mitre. El padre de la patria o el padre de la historia"de Norberto Galasso - (2006) Ediciones Nuevos Tiempos -

martes, 22 de marzo de 2011

JAURETCHE LE SACUDE A LA "PRENSA LIBRE"

Del libro "Ejército y política" (1958) extraigo estos párrafos que conservan una vigencia impresionante. La claridad, simpleza y contundencia explicativa de Jauretche hacen fácil comprender -en este presente de nuestro país donde la evidencia de la manipulación mediática ha quedado expuesta- algo que ya estaba escrito y denunciado hace más de 50 años, pero que, como él mismo refiere, se mantuvo oculto por esa estructura antinacional formadora de opinión y al servicio de intereses extranjeros.

NUESTRA "PRENSA LIBRE"

"La SIP fue formada para servir los grandes intereses de los trusts y consorcios con intereses en Lationamérica y para manejar la prensa de estos países  y de acuerdo con los negocios de la plutocracia". Esto es sólo una breve noticia de la manera que la finanza internacional controla los medios de formación de la opinión pública por la deformación, el ocultamiento, la magnificación o la disimulación de la noticia."

"Las fuerzas financieras tienen poder y medios para aniquilar la individualización de los ciudadanos y para hacerles pensar, razonar y obrar según sus propios deseos. El control se hace desde las sombras, con apariencia de libre opinión, y respondiendo sólo a sórdidos intereses comerciales. A la denominada "prensa dirigida" se suma el fraude de disimularlo y presentarlo como prensa libre. La dirección , en los países de economía colonial, es necesariamente contraria a los del país."

"No caigamos en la ingenuidad de creer que le queda a la opinión libre y nacional el recurso de hacer sus propios periódicos: nunca podrán pasar éstos de pequeñas hojas accidentales, porque en la estructura de la economía capitalista ellas no pueden mantener costos de competencia con las grandes empresas respaldadas por la finanza internacional, y estabilizadas en el negocio de la publicidad comercial que éstas controlan. Así el derecho a la libre prensa, se convierte en algo análogo al derecho de todos los ciudadanos a dormir bajo los puentes, al que nadie aspira y al que sólo se recurre por necesidad extrema."

"Quien controla la prensa no sólo maneja la opinión, sino que es dueño del prestigio y la reputación del político, del militar, del científico, del escritor, y por lo tanto ejerce un dominio total sobre las llamadas clases dirigentes, que pasan automáticamente a ser dirigidas. La formación del espíritu nacional depende, en países como el nuestro del extranjero, y el horror al dirigismo de estado, es en esta materia la máscara que disimula el dirigismo antinacional."

"El conocimiento de la vedadera información se ha convertido en un arte de lectores, para desentañar los hechos entre el barullo de los titulares, las páginas y las informaciones maliciosas. Este arte se hace imprescindible, para apreciar los problemas que afectan al mundo desde el punto de vista de los paises subdesarrollados."

lunes, 7 de marzo de 2011

- Política Petrolera Oficial -

MODELO INTERMEDIO
Por Diego Mansilla y Guido Perrone *

Como ocurrió en muchas otras áreas, durante la década del ’90 nuestro país sufrió un agudo proceso de desregulación, privatización y extranjerización de los recursos naturales que trastrocó profundamente la organización y el lugar de los hidrocarburos en la estructura económica argentina. El modelo instaurado en 2003 presenta, en la dinámica del mercado hidrocarburífero, signos tanto de continuación como de ruptura con la etapa previa.

Si se toma como referencia la historia energética argentina, es posible identificar tres grandes etapas. Primero, el Estado Planificador, desde antes del descubrimiento del petróleo en suelo nacional hasta 1989, donde el estado controlaba el sector mediante regulaciones y el accionar de las empresas públicas. Precios, volúmenes e inversiones se definían pensando en los recursos a largo plazo y se consideraba a la energía como un insumo estratégico para la industria nacional y un derecho de la población.

Desde 1989 se cambia radicalmente el sector y el papel de los hidrocarburos. El Estado se alejó de la economía, dejando en libertad a las empresas privadas (fundamentalmente extranjeras) para que organizaran los mercados en forma oligopólica. Los precios anteriormente estipulados políticamente y de acuerdo con los costos se alinearon con los valores internacionales, se malvendieron las empresas públicas y se desarticularon los organismos de control estatal. Esta “larga década neoliberal” se extendió hasta la caída de De la Rúa en 2001.

A partir del colapso del régimen de Convertibilidad, y fundamentalmente desde el año 2003, nuestro país vivió una recuperación económica sin precedentes. En el sector hidrocarburífero, sin embargo, no se ha registrado una reversión de su deterioro. Tanto las reservas como la extracción de gas y petróleo han caído y los niveles de inversión continúan por debajo de los niveles de la estatal YPF. No obstante, se distinguen algunas transformaciones relevantes en el upstream:

Retenciones: A diferencia de lo que sucede con otros gravámenes a las exportaciones, la consecuencia más importante de las retenciones a la exportación de petróleo y gas no provino de su aporte como recursos fiscales, sino de la posibilidad de mantener el precio interno por debajo del internacional. Actualmente, los exportadores obtienen 42 dólares por barril, quedando la diferencia para el Estado y manteniendo bajos los precios internos. Esto generó que en lugar de exportar crudo, se aumentara la venta externa de combustibles, que tiene menor arancel. Sin embargo, como no se acompañó este crecimiento con inversiones en la refinación, esto condujo a un nivel de utilización de la capacidad instalada que supera los máximos tolerables en materia de seguridad.

Provincialización: Las bases legales del mercado hidrocarburífero actual fueron creadas durante la década del ’90. La principal modificación regulatoria a partir del 2003 fue la “provincialización” de las reservas desde 2006, es decir, el traspaso del control de las concesiones de hidrocarburos a los gobiernos provinciales.

En un mercado petrolero internacional fuertemente concentrado, en el que los hidrocarburos incrementan su peso geopolítico y los países con reservas se preocupan por garantizar su soberanía petrolera, Argentina dividió la suya cediendo el poder de decisión sobre su riqueza natural a las “provincias petroleras”. A partir de esta ley, se profundizó el modelo de desregulación implementado en los ’90, y muchas provincias entregaron nuevas concesiones y prórrogas a pesar de los incumplimientos de las petroleras y, en el caso de Neuquén, la letra de la propia Constitución provincial.

Enarsa: Desde la privatización de YPF, Argentina era el único país de la región sin empresa petrolera estatal. La creación de Enarsa en 2004 se presentó como el regreso de la participación estatal en el sector hidrocarburífero. No obstante, nunca tuvo un papel relevante en el sector, sino que operó simplemente como una oficina de negocios, encargada de realizar las licitaciones del área energética. Con las áreas más promisorias del Mar Argentino, la empresa firmó permisos de exploración con empresas como Repsol, Petrobras o Enap Sipetrol, siempre con una participación minoritaria. Estas licencias significaron la entrega de esas zonas a manos de empresas extranjeras y sin licitación alguna.

Merece una mención aparte su participación en Venezuela. Además de encargarse de la importación de gasoil en época invernal, cuenta con varios proyectos en común con Pdvsa, entre los que se destaca el Bloque 6 “Ayacucho” de la Faja Petrolífera de Orinoco, cuyas reservas exceden el total de las reservas argentinas.

En conclusión, podemos caracterizar al accionar del Estado desde el 2003 como “intermedio” entre las dos experiencias históricas mencionadas. Si bien se reivindicó la participación del Estado en la regulación y se aplicaron medidas en ese sentido, no fue consolidado con una nueva organización sectorial. A diferencia de lo que puede observarse en otros sectores energéticos (como la electricidad o el transporte y distribución de gas natural), en el upstream petrolero y gasífero es donde se observan los mayores puntos de continuidad con la etapa previa. No obstante, aún en el mercado petrolero, la participación estatal fue relevante, especialmente mediante la aplicación de retenciones que permitieron separar los precios locales de los internacionales, atenuando el impacto sobre la inflación interna.

* Economistas.

LA VUELTA DEL ESTADO
Por Diego Margulis y Andrés Tavosnanska *

Durante la década del ’90, el modelo hidrocarburífero de base estatal que predominó en el país durante el siglo XX fue desmantelado. Sin necesidad de que medien guerras o golpes de Estado, Argentina vendió varias de las empresas más importantes del país, entregando con ellas gran parte de sus recursos energéticos. De la mano de las empresas privadas que ganaron protagonismo, la Argentina evidenció un crecimiento importante de la extracción de gas y petróleo, lo que fue presentado como un gran éxito del modelo desregulatorio. Lo cierto es que estas compañías vieron en la Argentina un lugar donde podrían, de forma rápida, y aprovechando las reservas descubiertas por la YPF estatal, lograr altos niveles de rentabilidad explotando los hidrocarburos existentes y exportándolos sin agregarle valor en el país. Este exitoso esquema de negocios no incluía inversiones en exploración para reponer los hidrocarburos extraídos, aprovechando la ausencia reguladora del Estado que se despreocupaba de esta manera de la sustentabilidad futura de este sector estratégico.

A comienzos del nuevo siglo, producto de esta falta de exploración de la década anterior y debido a la sobreproducción a la que se veían sometidas las áreas históricas, la extracción comenzó a declinar tanto en el caso del petróleo como del gas natural. En este punto, una parte de la culpa les cabe a los gobiernos nacionales y provinciales debido a la falta de regulación y de fiscalización de la operatoria hidrocarburífera. Por ejemplo, gran parte de las inversiones comprometidas al momento de entregar las concesiones nunca fueron realizadas, pero nunca existió la decisión política de anularlas por el no cumplimiento de lo acordado oportunamente. Por otro lado, la federalización de los recursos hidrocarburíferos, consagrada en la Constitución de 1994, debilitó la capacidad negociadora del país, ahora representada por gobiernos provinciales con importantes necesidades fiscales que deben hacer frente a empresas de gran tamaño y capacidad financiera. Como resultado, se extendió el plazo de una cantidad importante de concesiones, a cambio de desembolsos de dinero en el momento y pequeños aumentos en las regalías futuras.

Por otra parte, la intervención del Estado nacional logró mejorar la distribución de la renta petrolera. A través de la implementación de retenciones y precios máximos de venta del crudo a las refinerías, parte de la renta que antes se transformaba en ganancias extraordinarias de las petroleras hoy es apropiada por los consumidores que acceden a los combustibles a precios significativamente menores a los internacionales.

Asimismo, se han implementado en los últimos años distintas medidas tendientes a reducir la dependencia del país de los hidrocarburos diversificando la matriz energética. La reactivación del plan nuclear y las inversiones en centrales hidroeléctricas (incluyendo la conclusión de dos obras emblemáticas como Yacyretá y Atucha II), al igual que el desarrollo de las energías renovables a través del programa Genren, contribuirán a incrementar la oferta de energía eléctrica sin poner mayor presión sobre las reservas de hidrocarburos. De la misma forma, la promoción de los biocombustibles y su mezcla de forma obligatoria en la nafta y el gasoil permiten reducir el consumo de petróleo y potenciar la participación de las energías renovables en la matriz energética argentina.

A pesar de las voces de alarma constante que alertan sobre una crisis energética, producto de la mencionada caída de la oferta y el aumento constante de la demanda, sólo ha habido faltantes ante eventos extremos de records de consumo o conflictos puntuales, como el paro de trabajadores en el sur argentino hacia fines del año pasado. En ese sentido, si bien el escenario actual no es de holgadez, la producción nacional está en condiciones de satisfacer a la demanda local, apelando a las importaciones para reforzar la provisión de algunos combustibles en los momentos estacionales de mayor consumo y fomentando la sustitución entre distintos energéticos en las épocas críticas.

No obstante lo anterior, el sostenimiento del autoabastecimiento energético y el superávit comercial requieren de un sustancial aumento en el nivel de exploración del subsuelo en pos de la recuperación de las reservas. Un cambio en la dinámica sectorial de esta magnitud requeriría que el Estado controle firmemente las concesiones otorgadas, anulando aquellas que no cumplen los requisitos de inversión y que retome su rol de empresario, mediante una empresa estatal con acciones concretas en la exploración y explotación hidrocarburífera, asumiendo un papel activo en la inversión en las áreas revertidas y aquellas otras que presenten prospectos positivos.

Recrear una empresa petrolera estatal nacional es una tarea que el país se debe, si pretende profundizar el camino del desarrollo productivo con justicia social. Dado el tamaño del desafío que enfrentamos, lo mejor sería que empecemos pronto.

* Economistas de AEDA.

Info: Página/12 (07/03/2011)